5.27.2012

22 COSES QUE HE FET EN UN ANY


L'altre dia a ca la dentista em van preguntar quina era la meva feina. Em vaig quedar en blanc. I és que des de fa un any se m'ha girat feina. I feina de debò. No vaig saber quina d'aquestes 22 feines havia de constar a l'expedient de la dentista:
  1. He tingut 3 fills: el Roc, l'Ariel i la Violeta.
  2. He començat a assumir que el Roc té la síndrome de Down.
  3. He corregit 12 llibres.
  4. He fet classe al departament de diversitat de l'Institut Baix Camp de Reus (no sé si l'any que ve, a causa d'aquest fantasma anomenat CRISI, podré seguir treballant a Ensenyament).
  5. He fet classe de castellà i de comentari de text d'accés a la universitat per a majors de 25 anys a l'Escola Marta Mata de Reus (l'any que ve, les retallades no em permetran continuar-les)
  6. He dissenyat i maquetat un catàleg d'exposició, un fulletó i un programa de mà per l'ajuntament de Cambrils.
  7. He preparat i impartit un curs d'escriptura creativa al CERAP de Riudoms; amb un blog vinculat(http://alemonievfoundation.wordpress.com)
  8. He coordinat, dissenyat, redactat i maquetat un número d'una revista gratuïta de gastronomia i restauració (sembla que l'amo també pensa que la feina dels altres és gratuïta com la seva revista).
  9. He redissenyat la imatge corporativa d'una empresa de càtering.
  10. He creat la pàgina web de l'arquitecte Gonzalo Gracia (en procés).
  11. He fet de jurat del premi Arnau de Palomar del CERAP de Riudoms.
  12. Preparo la traducció al castellà de tres obres de teatre.
  13. Preparo un informe sobre la venda d'e-books a Espanya.
  14. Preparo l'edició d'un llibre sobre Joan Guinjoan.
  15. He escrit 15 articles d'opinió per al Diari de Tarragona.
  16. He dissenyat el logotip d'una editorial.
  17. He estat al tribunal de les proves d'accés a Cicles Formatius de Grau Mig i de Cicles Formatius de Grau Superior.
  18. Tinc tres projectes que ja he començat a treballar (alguns més avançats que d'altres): una revista de cultura, una editorial i una novel·la.
  19. Quant a lectures, no ha estat un any molt productiu: he llegit els llibres que he corregit, molts exercicis dels alumnes de comentari de text i del curs d'escriptura, quatre llibres que m'han servit per preparar el curs d'escriptura, alguns bocins d'assajos sobre temes diversos (sobretot la síndrome de Downs i la paternitat), una desena de novel·les (o novel·letes) i quatre poemes. No he consumit gaire cultura: gens de teatre, gens de música, poquíssim cinema i alguna exposició.
  20. L'actualitat l'he seguida per internet, les xarxes socials, la ràdio (camí de la feina) i la televisió. Gairebé no he comprat diaris.
  21. M'he aficionat al futbol (al triomfant i sofisticat Barça de Guardiola), he tocat poc el violí, he abandonat el japonès i la meditació, he après a fer origami, la crisi ha despertat alguna ànsia de revolta que feia massa que dormia i el que és més important: he reprès alguna amistat.
  22. He tingut, sobretot, salut i alegria.

5.18.2012

Merkhollande


La obsesión alemana por gobernar Europa es una constante que se repite prácticamente desde su unificación. Y parece que ahora ha decidido volver a la carga. Es verdad que como norma general no se puede permitir que los países aumenten su déficit estructural y acaben viviendo mejor que aquellos que los subvencionan. Algo parecido a lo que sucede en España entre comunidades autónomas. Pero lo que no puede ser es que, de repente, Alemania, ochenta años después de la guerra, intente que todos vivamos peor que ellos y nos castigue por nuestra baja productividad y nuestra facilidad para endeudarnos, con unas penas asfixiantes, imposibles de cumplir y que parecen destinadas a conjurar todos los fantasmas del pasado.

Y es especialmente grave cuando durante lustros sus bancos han sido los primeros interesados en fomentar nuestra falta de cordura y cuando todos los expertos están de acuerdo en la inutilidad de medidas destinadas únicamente a controlar el déficit, sea estructural o no, y a recortar el estado del bienestar, contrato social que nos ha permitido vivier en paz durante muchos años. Las víctimas, como siempre, los más débiles: Grecia, Portugal, Irlanda, España... Hasta que la cosa se les empiece a ir de las manos.

De momento, la crueldad de los nuevos vencedores ya provoca suicidios y desesperación; en Francia la ultraderecha recibe uno de cada tres votos y en Grecia los neonazis ya tienen sus asientos en el parlamento. Paradójicamente, lo único que nos puede salvar del desastre es que los números empiecen a ir mal a Alemania y a sus aliados, no tarden en entrar en recesión y su déficit también se dispare: como parece que empieza a suceder. Veremos entonces si ellos son capaces de exigirse a si mismos y a su pueblo los mismos esfuerzos que exigen a los demás. Veremos entonces si no empiezan a poner los micrófonos delante de la boca de los que aconsejan reducir sólo el déficit estructural y tomar medidas que estimulen la economía: como parece que empieza a suceder.

Ahora, incluso el señor Artur Mas, que vota junto al PP por el déficit cero, se apunta al carro de tomar medidas que estimulen la economía, mientras Mas Collell sugiere la expansión de los recortes hacia nuevos horizontes: quizá el mismo guión que seguirán Hollande y Merkel: el poli bueno y el poli malo. Todo este ir y venir, todo este mentir y decir medias verdades, todos este alternar el palo y la zanahoria, para ellos no es más que un juego perverso: una escenificación de su poder. Para los ciudadanos son heridas que producen dolor y frustración. Muchas de estas heridas curarán y ellos seguirán teniendo su ración de votos y de sopa boba; pero otras ya nunca volverán a cicatrizar; y entonces, cuando se les tuerzan las cosas, cuando baje la participación electoral, sus partidos se debiliten y se radicalice el voto; entonces, como siempre, echarán la culpa al pueblo, a su ignorancia, a su falta de inteligencia: la semilla ya está plantada.

Jordi Barberà Argilaga

4.21.2012

Kale Borroka (publicat al Diari de Tarragona, 20/04/2012)

imatge extreta del blog elsenyor9

Despidos, recortes en sanidad y educación, reducción de jornada y sueldos, caída del poder adquisitivo, condescendencia con los mercados financieros, austeridad en los presupuestos generales, inversión bajo mínimos, aumento del precio de los combustibles y de la energía, indultos a corruptos de partidos políticos en el poder, robos principescos, corruptos declarados no culpables, bancos que ejercen la usura concediéndonos créditos con nuestro propio dinero, desmantelamiento del estado autonómico, duplicidades administrativas, infraestructuras inútiles (aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad orientados a callejones sin salida), gestores públicos impunes; altos cargos, directivos y consejos de administración (que no se juegan nada, que no emprenden nada) con sueldazos y pensiones robadas a los contribuyentes; expolíticos colocados a cuerpo de rey en empresas estratégicas, pisos de protección oficial desocupados, impagos a los empresarios, aumento del número de suicidios, amnistia a los delincuentes fiscales, desahucios y un largo etcétera que, según cada situación y contexto, cualquier lector sabrá completar: éste es el statu quo: nuestro día a día.

Y ante tamaño despropósito, al gobierno español y a su socio, el timonel Mas y demás piratas, no se les ocurre nada más que equiparar los disturbios, muy muy muy minoritarios, que suele haber después de una huelga general, o de una protesta digna de mención (aquí, en Pequín y en Pocón) a la kale borroka (al terrorismo callejero de baja intensidad que ETA utilizaba para acuciar el miedo y burlarse de sus víctimas) .

Por qué no equiparan la evasión fiscal al terrorismo? O el endeudamiento irracional de algunos reinos de taifa de nuestro país? O la corrupción política? O la financiación irregular de partidos políticos? O por qué no se les ocurrió antes equiparar los disturbios posteriores a los partidos de fútbol a la kale borroka? O, ya puestos, la SalouFest?

Nadie debería estropear el mobiliario público, ni amedrentar a los ciudadanos que no quieren unirse a los huelguistas, ni destruir los negocios que otros han levantado con esfuerzo. Nadie debería erigirse en juez y en verdugo por mucha rabia y dolor que sienta. Quien opta por ejercer cierta dosis de violencia debe responsabilizarse de lo que ha hecho, pero de ahí a condenarlo como terrorista existe un abismo. Y ese abismo lo profundizan precisamente los que temen ser víctimas del descontento, de la rabia y del dolor.

La responsabilidad de los destrozos callejeros debe pesar sobre sus autores. Pero los políticos no deben olvidar que sobre ellos pesará la cárcel y el sufrimiento de los condenados y que sobre ellos pesarán los muertos, como el farmacéutico griego Dimitris Chirstoulas, un jubilado de 77 años, que impotente por no poder seguir a alguien dispuesto a luchar con un kalashnikov, e incapaz de imaginarse a si mismo buscando comida entre la basura, prefirió dispararse con la esperanza que algún día los jóvenes griegos sin futuro cuelguen, en la misma plaza donde él se quitó la vida, a los traidores de la nación; como hicieron los italianos con Mussolini en 1945. Éste es el veneno que se cuece con la ruptura de las bases del estado social. Los políticos que ahora están en el poder deberían empezar a entender que la paciencia no es infinita y que no hay nada ni nadie que sea eterno.

Jordi Barberà Argilaga

3.03.2012

Timoneles despistados




Si algo bueno tienen las crisis económicas a las que periódicamente nos somete nuestro sistema es la evidencia de la nulidad de los políticos que pretenden hacernos creer que nos representan. Son el producto de años de sumisión y pericia en la gestión de las relaciones dentro de la mecánica implacable de su partido, que les enseña a arrimarse al sol que más calienta, a decirle a cada uno lo que quiere oir y a hacer lo que las circunstancias manden, ignorando lo dicho y hecho con anterioridad o lo que crean o piensen sus teóricos representados.
Esta manera de proceder no sólo está muy extendida, sino que goza del beneplácito casi general. De ahí que un aspirante a presidir el gobierno de España pueda pasarse una campaña electoral entera prometiendo a diestro y siniestro que no subirá los impuestos, sabiendo ya de antemano que deberá hacerlo; y que obtenga el voto de una mayoría absoluta de ciudadanos que lo votan bajo esa promesa con la certeza de que no la cumplirá.
En medio de este juego perverso hay quien se divierte e incluso quien encuentra inspiración para escribir sus memorias. Otros nos retorcemos de indignación e incredulidad cada vez que asistimos al espectáculo de las declaraciones vacuas de los políticos que anuncian austeridad y recortes pero que son incapaces de hacer reformas en profundidad. Un ejemplo de esta manera de proceder son las recientes declaraciones del portavoz del PP en el Senado, el señor José Manuel Barreiros, que parece no entender el gasto de tener que traducir las intervenciones de los senadores cuando todos son capaces de hablar y comprender una lengua común; y en cambio no parece dispuesto a aplicar la misma sensibilidad “económica” cuando se trata de ahorrar en su sueldo y pensión y en los sueldos, pensiones y pequeños reinos de taifa (presidencia, mesa del senado, junta de portavoces, comisiones, diputación permanente, grupos parlamentarios, grupos territoriales) de los 266 diputados que llenan una cámara absolutamente inútil. A parte de sus sueldos y pensiones, nos ahorraríamos la administración, seguridad, limpieza, y manteniento de instalaciones (entre las cuales cuentan con un aljibe, así llaman a la piscina cubierta climatizada; cocina, comedor, gimnasio con vestuarios y saunas, etc).
Otros días, en cambio, parece que se levantan más lúcidos y en vez de bombardearnos con recortes y tijeretazos nos dan lecciones de sentido común y nos riñen por habernos dejado seducir por los cantos de sirena del dinero fácil (ellos! que sacrifican sus vidas en pro del bien común y que siempre aseguran que si no chuparan de la política tendrían sueldos millonarios en la empresa privada). Pues bien, esos otros días nos cuentan que nuestro país no tiene un sistema educativo sólido, que no es suficientemente productivo, que no tiene un tejido industrial potente, que le faltan timoneles valientes y atrevidos capaces de dirigirlo a buen puerto sin dejarse engañar por islotes que a simple vista parecen paraísos pero que no tienen ningún futuro. Y nosotros escuchamos, sorprendidos de su repentina inteligencia, y asintiendo con convicción les aplaudimos con las orejas.
Y de repente, leemos el periódico y despertamos del sueño. Encontramos al timonel en portada vendiéndonos un casino immenso, lleno de posibilidades, puestos de trabajo y constructores buscando un enchufe donde volver a conectar la hormigonera. Una lluvia de billetes cayendo del cielo azul de este maravilloso país de las maravillas. Y respiramos aliviados y liberados de la responsabilidad sobrevenida de tener que construirnos un futuro con esfuerzo y tesón.

Jordi Barberà Argilaga

2.18.2012

Product placement digital (publicat al Diari de Tarragona, 13-02-2012)


El “product placement” es una forma de publicidad alegal que consiste en emplazar anuncios, como quien no quiere la cosa, en medio de escenas de películas y series televisivas. Este tipo de publicidad, que ahora empieza a regularse en nuestro país, es la que nos permite ver series de la televisión catalana en las que los personajes conversan mientras beben una cerveza Estrella Damm o un Cacaolat calentito, y se encuentran por casualidad mientras compran Llet Nostra, queso Cadí y Yogur La Fageda en un supermercado Condis.

También el “product placement” es el culpable de que los desayunos en familia de muchas series españolas se conviertan en despliegues inacabables de zumos, galletas, cereales y productos lácteos en general; o que las adolescentes siempre sigan algún régimen de adelgazamiento, se recomienden cremas hidratantes o contra el acné, o que la regla les venga por sorpresa y necesiten intercambiar compresas extrafinas con alas o tampones.

Esta forma de publicidad no es ilegal, pero tampoco se contabiliza en los tantos por ciento de minutos publicitarios que las televisiones están autorizadas a emitir; eso sin tener en cuenta la ambigüedad de los ingresos obtenidos bajo este concepto: quién puede asegurar que la productora ha obtenido algún ingreso por hacer circular al protagonista de una película en un Mini Cooper Cabrio del grupo BMW y haberle puesto en la muñeca un reloj Patek Philippe 5116G White Gold, mientras se protege del sol con unas gafas Fendi 411 Aviator?

Pero si ustedes son consumidores habituales de cine y de ficción televisiva, todo esto que les cuento no les parecerá nuevo. La novedad es que Telecinco (o mejor dicho, la concesionaria publicitaria del grupo Mediaset España) ha empezado a emplazar publicidad de producción propia dentro de series que ellos mismos habían producido con anterioridad; y se disponen ya a ampliar la experiencia a series producidas por otros. Series que, a su vez, ya incorporaban sus “product placement”. No hace falta ser muy listo para deducir que esta técnica multiplica las posibilidades de obtener ingresos publicitarios en este concepto, a la vez que multiplica los impactos publicitarios que recibimos mientras miramos un producto audiovisual (aunque se supone que también divide la eficacia del impacto).

Si el experimento funciona, que funcionará, podremos ver marcas muy enraizadas en nuestro territorio (por ejemplo este mismo periódico) anunciadas en carteles luminosos de Nueva York o San Francisco, de Toquio o Nueva Delhi. Y quizás llegará el día en que para poder ver bien el fotograma de una película deberemos estirar el cuello e intentar inútilmente sortear la publicidad que saturará las pantallas, como ya pasa en muchas ruedas de prensa de entrenadores de equipos de fútbol de la liga española, reducidos a la mínima expresión envueltos por la publicidad estática del panel que sirve de fondo, por los anuncios que van cambiando en la pantalla que soporta el micrófono y por las botellas de agua y de bebidas isotónicas que casi se salen de plano y que obligan al entrenador de turno a no moverse ni gesticular.

Jordi Barberà Argilaga

1.23.2012

web 2.0 (publicada al Diari de Tarragona, 10 gener 2012)


Hemos oído hablar incansablemente de la web 2.0. Todo, desde hace unos años, es la segunda versión del original. Los programas de televisión y radio se renombran y reinventan con el 2.0. Los libros se retitulan, reeditan o incluso nacen ya con la coletilla 2.0. Pasa un poco como con el famoso 3D: ahora los musicales son en 3D, los artículos son en 3D, la vida entera está en 3D. Como pasa siempre con estas coletillas, normalmente no son nada más que un recurso fácil para maquillar lo ya conocido y acaban por desvirtuar el significado original.

La web 2.0 supuso el paso de las páginas estáticas, que más o menos bien diseñadas y organizadas, no eran nada más que una especie de revista o de folleto informativo sobre la empresa, la asociación, etc; a una plataforma fácilmente actualizable por el autor y que permite la interactividad y la conexión con las redes sociales. En definitiva, se trata más de un espacio abierto, de un punto de encuentro entre gente con intereses comunes, entre clientes y empresa, que de un anuncio o un pamfleto. Es importante, pues, tener claro el concepto y no confundir la interactividad y la horizontalidad de las webs 2.0, con las simples virguerías técnicas, que si bien pueden ser muy espectaculares, no resultan ni útiles ni atractivas para el nuevo modelo de consumidor.

Hoy, cuando buscamos información o queremos comprar en la red, nos interesa saber quien genera los contenidos, qué opinan los clientes, los consumidores, y queremos poder enriquecer los proyectos con nuestra aportación, que se nos aclaren dudas y que se atiendan nuestras quejas. De ahí que muchos sitios web se hayan convertido en gestores de ofertas o en comparadores de tarifas y servicios. Se ha pasado del puro lenguaje persuasivo de la publicidad de los últimos tiempos, al busque, compare y si encuentra algo mejor: cómprelo. Y al cambiar el concepto también han cambiado las formas, el diseño. Ya no se trata de proyectar la imagen de la empresa concebida en un estudio de diseño gráfico lleno de postadolescentes con bigote y patillas, sino de hablar de los productos, compararlos, conocer a los ingenieros, comentar sus defectos, sugerir innovaciones y mantenernos informados sobre noticias relacionadas con el producto o sus utilidades. Es, de alguna forma, la democratización de la producción de los bienes de consumo y de su promoción.

Un ejemplo de este tipo de nueva mentalidad es la que provocó que varias marcas comerciales de la industria alimentaria retiraran la publicidad del programa La noria, después de cruzar lo que muchos espectadores entendieron como una linea roja de la ética periodística: Jordi González, el presentador, entrevistó, a cambio de 10.000 euros, a la madre de el cuco, un menor condenado por encubrir la desaparición y presunto asesinato de Marta del Castillo. Aunque como todo en el circo de la comunicación, no se sabe si todos estos “movimientos éticos” de las empresas anunciantes ayudan o perjudican a la ética periodística: el programa que emitió la entrevista tuvo casi dos millones de espectadores, pero el que le siguió, después de la difusión de la noticia sobre la retirada de los anunciantes, llegó casi a dos millones y medio de espectadores (casi el 20% de cuota de pantalla).

Más allá de la anécdota, cada vez es más patente el poder de los consumidores. Ahora ya sólo nos queda empezar a trasladar estos mecanismos a nuestro sistema democrático. Que los avances tecnológicos sirvan para controlar mejor los recursos y a los representantes públicos, para incidir en sus decisiones, corregir errores y hacer la vida más fácil a todos los ciudadanos.

1.02.2012

Taxi

El taxi feia olor de ranci. Com de merlot picat. I la tapisseria tenia una fina capa enganxosa i humida que no deixava que t'hi acomodessis gaire. En canvi, estava prou net i no tenia cap element que el personalitzés: ni un escapulari, ni un ninot penjant, ni un amulet indígena, ni un rosari, ni un "papá no corras". Res. Només el taximetre amb les xifres lluminoses de color verd augmentant amb parsimònia implacable.

El taxista, contra tot pronòstic, callat i discret. Ben pentinat i ben vestit. Amb les ungles retallades. La ràdio, o no existia o no emetia o no estava engegada. Vaig imaginar-me que sonava la missa de batalla de Joan Cererols, que tenia vint-i-cinc anys i que anava en taxi a l'aeroport de Barcelona disposat a volar a qualsevol lloc. Només funcionava un altaveu i cruixia. Espetegava i se saltava alguna nota. Semblava un disc de vinil. Tenia ganes d'escriure que el taxi deixava de fer aquella olor i que començava a sentir l'olor de fusta seca, de roure escalfat pel sol, de pebre i nou moscada i que desapareixia la capa fina enganxosa de la tapisseria i que ara era de pell de vaca i que la missa de batalla continuava sonant a trompicons.



12.20.2011

Micrófonos abiertos (publicat al Diari de Tarragona el dilluns 19 de desembre)


Muy de vez en cuando, los micrófonos abiertos antes de tiempo, o no cerrados a tiempo, son un resquicio de luz que deja entrever un poco de verdad y de color en los grises salones de la política y de la administración de nuestros destinos. Esta vez, los pillados han sido Nicolas Sarkozy y Barack Obama, a propósito del presidente israelí, Benjamin Netanyahu: Barack Obama echaba en cara a Sarkozy el apoyo francés al reconocimiento palestino en la UNESCO y el presidente francés confesaba no tragar a Netanyahu: “Es un mentiroso. No puedo ni verlo”; a lo que Obama añadía que él tenía que soportarlo a diario, dejando patente el suplicio que suponía su trato.

Otro desliz reciente ha sido el de la juez Ángela Murillo, que juzgaba al ex-jefe militar de ETA, Francisco Javier García Gaztelu “Txapote”, y a otros tres etarras, por el asesinato, en 2001, de José Javier Múgica, cuando era concejal de UPN en Leiza. La magistrada, después de escuchar la declaración de la viuda de Múgica, ante la actitud imperturbable y cínica de los etarras, no pudo evitar comentar: “pobre mujer... y encima se ríen, esos cabrones”. En este caso, además del descuido y de la obligación de repetir el juicio, está la eterna necesidad que muchos tenemos de comentar lo que nos sucede con el de la lado. Seguramente, si la juez no se hubiese dirigido a su compañero para dejar constancia de la miseria moral de los etarras, ahora tendría una úlcera en el estómago.

Sin duda, estos episodios son completamente indeseables para sus protagonistas; pero a nosotros, los súbditos, nos ayudan a descubrir que bajo la dura coraza comunicativa de nuestros políticos hay una persona de carne y hueso, con sus debilidades y con capacidad de aburrirse incluso de él mismo: como el ex-presidente del gobierno español, José María Aznar, que después de pronunciar un discurso soporífero y sin ninguna aportación relevante sobre la Unión Europea, afirmó “sotto voce”: “vaya coñazo que les he soltado”; o como el ahora flamante presidente del gobierno, Mariano Rajoy, que, ante la perspectiva de tener que asistir al desfile militar del 12 de octubre, comentó: “mañana tengo el peñazo del desfile”. Parece que esto del poder aburre bastante.

Sólo unos cuantos elegidos ―o no elegidos― pueden permitirse el lujo de soltar la lengua a micrófono abierto, como Su Majestad el Rey de España, que mandó callar al presidente venezolano Hugo Chávez, el famoso “por qué no te callas?”. Lástima que no hubiese mantenido tan a raya a su yerno Don Iñaki.

12.08.2011

Absoluta mayoría (publicat al Diari de Tarragona, 25-XI-2010)


Ya tenemos nuevo presidente. Mariano Rajoy ha obtenido la mayoría absoluta más abrumadora de su partido —superando incluso los excelentes resultados de José María Aznar en el año 2000. Y ha conseguido el apoyo mayoritario de los españoles a pesar de no decir cómo nos va a sacar de la crisis económica y a pesar de no negar lo que todos sabemos: que las únicas recetas para salir de esta crisis nos las marcarán Alemania y Francia, y que no son otras que la desaceleración de la inversión pública, el recorte en las prestaciones sociales y la simplificación de la administración. Está más o menos claro, pues, que los españoles avalan el golpe de estado de los mercados y de los dos principales socios europeos, que han decidido que Europa ya no puede seguir con un mercado único, una moneda única y una única crisis; y con 17 estados (los que tienen el euro como moneda) con distintas políticas económicas, con distintos criterios de endeudamiento, con capacidad para falsear cifras oficiales, o para vivir como ricos a costa de los todavía más ricos.

El problema de esta crisis es que no está sirviendo para lo que de verdad sirven las crisis: para tocar fondo, darse cuenta de lo que no ha ido bien y, después de una profunda reflexión, seguir adelante con el paso cambiado, o buscar un camino alternativo, o un atajo, o construir un camino completamente nuevo. Esta crisis no parece ser nada más que un agotamiento de un modelo de crecimiento constante que necesita una pausa para resituar a cada uno en su sitio. Y a nosotros, los ciudadanos de a pie, los que nos ganamos la vida trabajando, nos toca volver a trabajar para sobrevivir y poco más; y nos toca repartir los exiguos beneficios de nuestro esfuerzo para que unos pocos puedan seguir nadando en la abundancia.

Al menos, en España, hemos podido elegir a Mariano Rajoy y no nos ha pasado como en Italia, donde han puesto a gobernar a un lobo con piel de cordero: Mario Monti: ni más ni menos que un exconsejero internacional de Goldman Sachs, en activo cuando Goldman Sachs se dedicaba a ocultar las cifras del déficit griego, cuando Goldman Sachs se dedicaba a invertir en basura financiera,... Pues esto, para evitar que las ovejas se den cuenta que no hay pastor, nada mejor que fichar a un lobo disfrazado de ovejita. Así las ovejas se sienten seguras en su ignorancia y los lobos pueden seguir zampándose cordero sin el riesgo de que las ovejas aprendan a hacer las cosas de otra manera y algún “ferranadrià” acabe inventando el carpaccio de lobo.

Ahora sólo nos cabe esperar que en el estrecho margen de maniobra que le queda a la política, Mariano Rajoy no lo haga muy muy mal y sea capaz de cumplir con los requerimientos de sus jefes sin condenarnos a todos a una precariedad tan absoluta como su absoluta mayoría.








12.03.2011

Nuestra mejor cara (publicat al Diari de Tarragona)

Es bien sabido y bien estudiado el papel determinante de las redes sociales en la vertebración de los movimientos que han conseguido acabar con algunas dictaduras en los países árabes. Me refiero básicamente a Túnez y Egipto. También juegan un papel de desbloqueo informativo en países donde la transparencia es un lujo impagable, como en China. Y, como no, ayudan a perfeccionar nuestras democracias, creando redes alrededor de intereses concretos, facilitando la proximidad con nuestros políticos y enriqueciendo el debate y la eficiencia en la convocatoria de actos políticos o cívicos.

Facebook y Twitter y las otras, también ayudan a crear empresa. Especialmente a crear imagen y “filosofía” de empresa. A comunicar con nuestros clientes, ofertarles productos, mantenerlos al día sobre las novedades, escuchar sus quejas y sugerencias y atender sus peticiones. Y, evidentemente, Facebook, Twitter y el resto abren un mercado mundial a cualquier tipo de producto.

Otra de sus utilidades, quizás la que altera más el sistema nervioso del intelectual aferrado a las orejas de su butaca, es proyectarnos socialmente, contactar con gente que ya habíamos perdido, conocer a “amigos” de nuestros contactos que nos seducen con sus intervenciones, chatear con alguien que acaba de hacer un comentario que compartimos, o simplemente pedir información sobre un próximo viaje. Todo esto no es muy distinto a lo que hacemos cuando vamos al café de la plaza del pueblo, pero con la diferencia que aquí el pueblo es el mundo y que el café está bien hecho.

Claro que, como en todos los cafés de todos los pueblos del mundo, también hay quien en lugar del diálogo busca el monólogo, quien se dedica a boicotear conversaciones, quien se va de la bola con comentarios que no vienen a cuento, o el que no dice nada y sólo escucha por el placer de curiosear, de aprender o de divertirse. También está el que, antes de salir de casa, para dirigirse al café se viste o se disfraza, se maquilla y peina y esconde la barriga mientras anda: como en el perfil del Facebook, donde todos mostramos nuestra mejor cara y nuestros mejores logros.

Como en todo lo revolucionario de verdad: nada completamente nuevo, pero sí algo profundamente distinto, capaz de conectar muchos nódulos aislados y de abrir nuevos caminos y horizontes. Las redes sociales son un instrumento que cambiará muchas más cosas de las que ya están cambiando y seguro que, con el paso del tiempo, Facebook y Twitter y las otras, nos parecerán plataformas dignas de un anticuario, como los videojuegos de los años 80 o los ordenadores de más de 15 años.