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12.24.2012

No nos representan



Pasadas unas semanas de la histeria propagandística de las elecciones catalanas, uno ya puede empezar a hacerse una idea de cómo están o de cómo siguen estando las cosas. En la composición del parlamento siguen habiendo políticos que representan, o dicen representar, a los ciudadanos; pero esta vez, ha habido un pequeñísimo cambio sustancial, un 2% de los diputados de la cámara (los 3 de las CUP) han invertido el principio de representatividad y afirman no ser ellos los representantes de los ciudadanos, sino que són los ciudadanos los que les representan a ellos fuera del Parlamento.

Lo que parece ser un juego de palabras es algo mucho más serio y trascendente. Por primera vez en Cataluña, unos diputados no pretenden convertir la representatividad en una patraña para vivir de ello sino en un salto de los ciudadanos hacia las instituciones que les pertenecen. De ahí que las CUP, Candidaturas de Unidad Popular, no sean un partido político, ni siquiera una candidatura, sino la unión de distintas candidaturas asamblearias que toman sus propias decisiones. Este salto institucional ha sido posible en un contexto único. Por una parte, por una profunda crisis, que se acerca más a una estafa gigantesca que a una auténtica crisis económica; con sus culpables, incitadores y cómplices campando a sus anchas; y con unos políticos sin más ambición que seguir siendo una casta privilegiada al servicio de los dictados de los que mandan de verdad (la troika europea). Y por otra parte, por la repentina conversión al independentismo de los nacionalistas que han abrazado a todos los presidentes del gobierno español desde la restauración monárquica del franquismo.

En su empeño cuentan con tres principios que se adaptan perfectamente a este contexto y que, sin duda, facilitarán su expansión. En primer lugar, su ya histórica pertenencia al mundo de la izquierda independentista, contrariamente a lo que se podría pensar, les aleja completamente de la banalización convergente del asunto nacional, ya que no hace falta que se centren para nada en ello: son independentistas, está en su más primitiva razón de ser, y por lo tanto cuando sea el momento de ejercer el derecho a decidir, ya lo harán. Asunto cerrado. En segundo lugar porque afirman, y hasta el momento demuestran, ser un caballo de Troya que guarda en su interior las luchas de los movimientos sociales de la calle y las extiende al Parlamento. Y en tercer lugar, porque no quieren privilegios, ni prevendas, ni repartir pasteles o sonrisas, ni disfrazarse de políticos. Han sido escogidos por sus asambleas, sólo ocuparán el cargo durante una legislatura, cobrarán como máximo 2,5 veces el salario mínimo (unos 1800 euros mensuales), ya han rechazado el apoyo de Esquerra Unida i Alternativa para formar un grupo parlamentario y con ello acceder a subvenciones y privilegios con artimañas legales. También está quien ha empezado ya a banalizar su lucha con comentarios clasistas, como los realizados por la mismísima presidenta del Parlamento, que cree que la vestimenta de los diputados no está acorde con la dignidad de la institución, y en cambio sí encuentra digno que su coalición se financie ilegalmente con el dinero de los contribuyentes, que los bancos a los que entregan nuestro dinero deshaucien cada día a los ciudadanos, que los diputados de su coalición mientan sobre los disparos de la policia a los huelguistas y tantos, tantísimos ejemplos que no sólo no dignifican al parlamento, sino que ni siquiera dignifican al género humano. También desde las filas de CIU se ha intentado desactivar la radicalidad de su discurso, en este caso con una estrategia muy distinta: el señor Duran i Lleida elogió el “discursazo” de David Fernández, en un tono paternalista y cínico que también ocultaba una puñalada a ICV, que desde hace dos años ejerce de líder de la oposición. Ya veremos si a medio plazo el señor Duran se muestra tan displicente.

Será una tarea difícil. Cuentan con la oposición de todo un sistema. De una democracia viciada. Pero por fin ha aparecido la izquierda en Cataluña y se ha borrado el espejismo de esa izquierdita socialdemócrata que ya se hunde en toda Europa. Ese espacio político que sólo servía para que la derecha ultraliberal cogiera aliento y se rearmara. A partir de ahora, la cleptocracia deberá estar más atenta, será más lenta e inoperante. Y la izquierdita deberá romper o integrarse, como ya ha hecho Esquerra Republicana de Cataluña.


Jordi Barberà Argilaga
http://ilmigliorfabro.blogspot.com/
jordi@zeldisseny.com

10.02.2012

Una jugada maestra


Artur Mas, el presidente de la Generalitat de Cataluña, ha decidido, en contra de lo habitual en la política nacional, cumplir con uno de los puntos de su programa electoral: llegar a un pacto fiscal con el gobierno español. Eso sí, antes de ver cumplido su compromiso, ha decidido, de paso, que todos olvidemos su política de recortes en educación, cultura y sanidad y ha conseguido ya que las movilizaciones ciudadanas se limiten a ser marchas en apoyo al líder.

Para los que somos independentistas y hemos sufrido el acoso policial y judicial, el menosprecio social, el vacío de los medios de comunicación y la displicencia del nacionalismo de derechas durante lustros, no podemos ocultar cierto sabor agridulce ante la firmeza de Mas cuando sostiene que Cataluña necesita un estado propio. Pero no debemos olvidar que este Artur Mas es ese Artur Mas que corrió a las faldas de Zapatero para pactar, con nocturnidad y alevosía, un Estatut que rebajase las ansias de autogobierno del tripartito, ante el caos que, según él, generó el anterior gobierno batallando por una financiación que superase las décadas de lamentos y limosnas del señor Pujol padre. También hay que  recordar que Artur Mas no decide proclamar la independencia unilateralmente (probablemente contaría con mayoría de votos favorables en el Parlament), ni pretende convocar ipso facto una consulta popular (legitimada por el Estatut que él mismo pactó). No. El señor Mas pretende convocar unas nuevas elecciones, una vez neutralizados los partidos que sí son independentistas (ERC y SI) y teniendo desconcertados a los partidos que en el terreno nacional nunca se han acabado de definir (PSC e IC). Convocándolas pretende, claro, obtener una mayoría absoluta aplastante que le deje el terreno completamente libre y abonado para hacer y deshacer a sus anchas, libre de competencia y volviendo a recuperar la exclusiva de la bandera, libre del yugo del PP y con una ciudadanía boquiabierta e ilusionada, dispuesta a seguir ciegamente hacia ese horizonte que no nos explica porque sabe que puede pintarlo cómo y dónde le dé la gana.

Sospecho que su aventura, de momento, servirá para ganar tiempo y se traducirá en cuatro años de negociaciones y reformas y lamentos y horizontes infinitos, mientras nos recortan, pintan y colorean, haciendo ver que todo avanza hacia un fin paradisíaco, cuando todo sigue igual o parecido. Y en cuatro años, otras elecciones y otra mayoría absoluta. Y otra vez a negociar, a consultar y, sobretodo, a tragar.

Ojalá me equivoque. Ojalá dentro de cinco años lea este artículo y me ría de mi ceguera. Y viva en una república catalana libre, con partidos que no se financian ilegalmente a través del robo, sin reyes que firmen indultos a corruptos de partidos en el poder, sin líderes nombrados a dedo por sus antecesores, sin policías que oculten su identificación para mantener su inmunidad, sin medios de comunicación públicos inspirados en el NODO, sin administraciones duplicadas y triplicadas para dar cabida a todos los amiguitos, familiares y acreedores, con un sistema electoral de listas abiertas que favorezca la democracia de verdad y con una constitución que permita los referendos vinculantes para que los ciudadanos podamos decidir no sólo la libertad de nuestro país, sino nuestra propia libertad.

Jordi Barberà Argilaga

9.20.2012

Artur?


 
Aquest Artur Mas em sona! No és aquell que va córrer a entrevistar-se amb Zapatero per reduir a cendres el nou estatut que negociava el govern de la Generalitat? No és aquell que ha finançat el seu partit amb els nostres diners aprofitant-se del Palau de la Música i l'Orfeo Català, a través d'un senyor Millet o Montull o una cosa així? No és aquell a qui mai no se li ha acudit fer ús de la seva autonomia per negar-se a apujar impostos injustos, o per negar-se a retallar en educació, sanitat, cultura i despesa de tipus social? No és aquell que controla els mitjans públics de comunicació per organitzar manifestacions massives per sentir-se legitimat a negociar el seu tros de pastís? No és aquell que governa a Catalunya perquè el PP li ho permet? No és aquell que si tingués ganes de proclamar la independència només caldria que la votés al parlament i santes pasqües? No és aquell que quan li convé envia els mossos a provocar aldarulls i quan li convé fa que tot sigui una bassa d'oli? No és aquell del govern dels millors, o dels milions, no ho sé... últimament no tinc gaire temps per llegir diaris i vaig una mica despistat. Algú em pot il·luminar una mica?

8.26.2012

La independencia es cosa de ricos


 

Para empezar, una confesión: soy independentista. Creo que Cataluña es un país que para mantener su cultura y su lengua y desplegar todo su potencial y originalidad debería emanciparse del estado español y constituirse en república independiente. Y para empezar, también, confesar que desde hace ya unos años, unos quince, no entiendo casi nada del argumentario político de nuestros representantes parlamentarios. Y digo casi nada porque a veces tengo la sensación de entender bastante bien los argumentos de uno de los partidos, o agrupación, situada al otro lado del espectro independentista: me refiero a Ciutadans /Ciudadanos.

Ellos tienen claro que España es un estado y que Cataluña es parte de él. Ellos tienen claro que por encima de las lenguas y las políticas regionales está la lengua y los intereses generales del país. Y por lo tanto, no ven necesidad de perder el tiempo, el dinero y la paciencia engordando la administración y la burocracia; no se entretienen en tonterías como las balanzas fiscales o la financiación de los territorios; o con banalidades como si unos son más o menos ricos o pobres que los otros. De la misma manera que en Cataluña nadie está interesado en saber si es más rico el Priorat o el Vallès Oriental; o si el Barcelonès y el Baix Llobregat mantienen al resto de Cataluña o no. Tampoco nadie discute la preponderancia del catalán sobre el aranés, ni a nadie se le ocurre fragmentar Cataluña en pequeñas comunidades con servicios duplicados (bueno, eso sí que se les ocurre, pero sólo para poder multiplicar los cargos políticos y sus trocitos de pastel).

Cómo puede ser que en un país serio el principal argumento para la independencia sea que nosotros somos más ricos y los demás o son pobres o son tontos? Cómo puede ser que confundamos (las derechas, los centros y las izquierdas) a la víctima con el verdugo? Cómo puede ser que nadie explique por qué en Andalucía tanta gente debe cobrar el PER? O por qué Extremadura ha sufrido un abandono histórico en las inversiones del Estado? O por qué el País Vasco y Navarra van por libre? Cómo puede ser que nadie señale a la “clase dirigente catalana” como la abanderada y una pieza clave, imprescindible, de la construcción de España; y no de cualquier España, sino de este reino impuesto por el franquismo?

Cómo puede ser que aquí miremos siempre con condescendencia los despropósitos políticos de la comunidad de Madrid, o el politiqueo barato y la especulación urbanística de Valencia y Baleares, y seamos incapaces de ver cómo indultan a corruptos catalanes, cómo se financia el principal partido del país a través de instituciones como el Palau de la Música, cómo pagamos con dinero público la traducción de un periódico que siempre calla y otorga, nunca muere y siempre se transforma? Cómo puede ser que no nos avergonzemos de tener una de las costas más estropeadas del mundo? Y que no nos entristezca ver el espectáculo de nuestros representantes abriendo de piernas a las leyes para que un puñado de dinero negro se blanquee en unas Vegas de cartón piedra (que como mucho cumpliría la ley de normalización lingüística).

Pues sí. Yo soy independentista: quiero que Cataluña sea un estado independiente y que algún día lo sea también Andalucía, y que los andaluces se libren de los señoritos, de los marqueses y los grandes de España, que ocupen sus tierras y se puedan enriquecer con su trabajo. Y no, no entiendo la tibieza y la hipocresía de los políticos catalanes. Y sí, sí entiendo que en las “otras comunidades” no nos entiendan y nos tengan cierta tírria, y a veces incluso odio: jode mucho que los mismos que te someten digan que se quieren librar de ti.


Jordi Barberà Argilaga

7.19.2012

Cuando la vida sigue sus propios designios


Entrado el siglo XXI y el tercer milenio desde el nacimiento de nuestro referente cultural más destacado hasta el momento, somos capaces de vivir cerca de ochenta años, de curar enfermedades hasta hace poco fatales, de viajar a la luna, de generar energía suficiente para desplazarnos, volar, iluminar, comunicarnos; somos capaces de entender y entendernos mejor, de colaborar y construir sociedades más justas y libres, de regular nuestras actividades y un larguíssimo etcétera que nos hace únicos.

Sólo de vez en cuando nuestra fortaleza, nuestro dominio de la naturaleza y los elementos, queda en suspenso: construimos un barco titánico que parece indestructible y un iceberg lo hunde: construimos una central nuclear en Fukushima, con los más avanzados sistemas de seguridad según estándares infalibles, y un tsunami provoca el desastre: esperas dos hijos mellizos y construyes un sinfín de sueños, imágenes idílicas, caminos que siempre conducen a la cima; imaginas errores que tu nunca cometerás, juegos, sonrisas, triunfos... Todo parece deslizarse con la misma naturalidad con que el agua del deshielo corre río abajo: pura, cristalina, transparente,... cada ecografía parece una fiesta de cumpleaños.

El día del parto, la naturaleza asoma la cabecita y lo que hace acto de presencia no se parece a tu hijo, sino a algo muy remoto que jamás ha aparecido, ni como una imagen borrosa, en ninguno de tus sueños. Se trata de algo que sólo ocurre a los demás, a tus vecinos; o que sólo sucede en los reportajes, en las películas, que sé yo: tu hijo tiene las orejas de implantación baja, la cabeza pequeña, los ojos achinados, la cara algo plana,...: todo indica, también las caras de susto de médicos e infermeros, que tiene síndrome de Down, aunque no lo sabrás con certeza hasta al cabo de un mes (un mes!) cuando recibas los resultados de un estudio genético y confirme que el sueño ha terminado y que ya estás de nuevo en el mundo real. Como aquel que espera con impaciencia que le regalen un perro para que le siga a todas partes, para llevárselo a correr todas las mañanas, ir a la playa, de excursión, pasear por las calles abarrotadas de la ciudad, tirarle palos y pelotas y que se los devuelva obediente, mandarle a comprar el periódico y poder dormir tranquilo bajo su siempre atenta vigilancia; y resulta que cuando abre el paquete se encuentra con un cachorro de gato.

Pasados unos días empiezas a agotar las lágrimas y los lamentos y te das cuenta, a ratos, que has tenido un hijo precioso y otro al que sólo has mirado como modelo de "normalidad". Y poco a poco aprendes a querer a cada uno tal como es, con su propia originalidad, con sus circunstancias; dejas de insistir en querer convertir el gato en perro y empiezas a valorar la independencia del gato, su estar ahí sin agobiar, sus persecuciones y saltos al vacío, su complicidad y ternura.

5.18.2012

Merkhollande


La obsesión alemana por gobernar Europa es una constante que se repite prácticamente desde su unificación. Y parece que ahora ha decidido volver a la carga. Es verdad que como norma general no se puede permitir que los países aumenten su déficit estructural y acaben viviendo mejor que aquellos que los subvencionan. Algo parecido a lo que sucede en España entre comunidades autónomas. Pero lo que no puede ser es que, de repente, Alemania, ochenta años después de la guerra, intente que todos vivamos peor que ellos y nos castigue por nuestra baja productividad y nuestra facilidad para endeudarnos, con unas penas asfixiantes, imposibles de cumplir y que parecen destinadas a conjurar todos los fantasmas del pasado.

Y es especialmente grave cuando durante lustros sus bancos han sido los primeros interesados en fomentar nuestra falta de cordura y cuando todos los expertos están de acuerdo en la inutilidad de medidas destinadas únicamente a controlar el déficit, sea estructural o no, y a recortar el estado del bienestar, contrato social que nos ha permitido vivier en paz durante muchos años. Las víctimas, como siempre, los más débiles: Grecia, Portugal, Irlanda, España... Hasta que la cosa se les empiece a ir de las manos.

De momento, la crueldad de los nuevos vencedores ya provoca suicidios y desesperación; en Francia la ultraderecha recibe uno de cada tres votos y en Grecia los neonazis ya tienen sus asientos en el parlamento. Paradójicamente, lo único que nos puede salvar del desastre es que los números empiecen a ir mal a Alemania y a sus aliados, no tarden en entrar en recesión y su déficit también se dispare: como parece que empieza a suceder. Veremos entonces si ellos son capaces de exigirse a si mismos y a su pueblo los mismos esfuerzos que exigen a los demás. Veremos entonces si no empiezan a poner los micrófonos delante de la boca de los que aconsejan reducir sólo el déficit estructural y tomar medidas que estimulen la economía: como parece que empieza a suceder.

Ahora, incluso el señor Artur Mas, que vota junto al PP por el déficit cero, se apunta al carro de tomar medidas que estimulen la economía, mientras Mas Collell sugiere la expansión de los recortes hacia nuevos horizontes: quizá el mismo guión que seguirán Hollande y Merkel: el poli bueno y el poli malo. Todo este ir y venir, todo este mentir y decir medias verdades, todos este alternar el palo y la zanahoria, para ellos no es más que un juego perverso: una escenificación de su poder. Para los ciudadanos son heridas que producen dolor y frustración. Muchas de estas heridas curarán y ellos seguirán teniendo su ración de votos y de sopa boba; pero otras ya nunca volverán a cicatrizar; y entonces, cuando se les tuerzan las cosas, cuando baje la participación electoral, sus partidos se debiliten y se radicalice el voto; entonces, como siempre, echarán la culpa al pueblo, a su ignorancia, a su falta de inteligencia: la semilla ya está plantada.

Jordi Barberà Argilaga

4.21.2012

Kale Borroka (publicat al Diari de Tarragona, 20/04/2012)

imatge extreta del blog elsenyor9

Despidos, recortes en sanidad y educación, reducción de jornada y sueldos, caída del poder adquisitivo, condescendencia con los mercados financieros, austeridad en los presupuestos generales, inversión bajo mínimos, aumento del precio de los combustibles y de la energía, indultos a corruptos de partidos políticos en el poder, robos principescos, corruptos declarados no culpables, bancos que ejercen la usura concediéndonos créditos con nuestro propio dinero, desmantelamiento del estado autonómico, duplicidades administrativas, infraestructuras inútiles (aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad orientados a callejones sin salida), gestores públicos impunes; altos cargos, directivos y consejos de administración (que no se juegan nada, que no emprenden nada) con sueldazos y pensiones robadas a los contribuyentes; expolíticos colocados a cuerpo de rey en empresas estratégicas, pisos de protección oficial desocupados, impagos a los empresarios, aumento del número de suicidios, amnistia a los delincuentes fiscales, desahucios y un largo etcétera que, según cada situación y contexto, cualquier lector sabrá completar: éste es el statu quo: nuestro día a día.

Y ante tamaño despropósito, al gobierno español y a su socio, el timonel Mas y demás piratas, no se les ocurre nada más que equiparar los disturbios, muy muy muy minoritarios, que suele haber después de una huelga general, o de una protesta digna de mención (aquí, en Pequín y en Pocón) a la kale borroka (al terrorismo callejero de baja intensidad que ETA utilizaba para acuciar el miedo y burlarse de sus víctimas) .

Por qué no equiparan la evasión fiscal al terrorismo? O el endeudamiento irracional de algunos reinos de taifa de nuestro país? O la corrupción política? O la financiación irregular de partidos políticos? O por qué no se les ocurrió antes equiparar los disturbios posteriores a los partidos de fútbol a la kale borroka? O, ya puestos, la SalouFest?

Nadie debería estropear el mobiliario público, ni amedrentar a los ciudadanos que no quieren unirse a los huelguistas, ni destruir los negocios que otros han levantado con esfuerzo. Nadie debería erigirse en juez y en verdugo por mucha rabia y dolor que sienta. Quien opta por ejercer cierta dosis de violencia debe responsabilizarse de lo que ha hecho, pero de ahí a condenarlo como terrorista existe un abismo. Y ese abismo lo profundizan precisamente los que temen ser víctimas del descontento, de la rabia y del dolor.

La responsabilidad de los destrozos callejeros debe pesar sobre sus autores. Pero los políticos no deben olvidar que sobre ellos pesará la cárcel y el sufrimiento de los condenados y que sobre ellos pesarán los muertos, como el farmacéutico griego Dimitris Chirstoulas, un jubilado de 77 años, que impotente por no poder seguir a alguien dispuesto a luchar con un kalashnikov, e incapaz de imaginarse a si mismo buscando comida entre la basura, prefirió dispararse con la esperanza que algún día los jóvenes griegos sin futuro cuelguen, en la misma plaza donde él se quitó la vida, a los traidores de la nación; como hicieron los italianos con Mussolini en 1945. Éste es el veneno que se cuece con la ruptura de las bases del estado social. Los políticos que ahora están en el poder deberían empezar a entender que la paciencia no es infinita y que no hay nada ni nadie que sea eterno.

Jordi Barberà Argilaga

3.03.2012

Timoneles despistados




Si algo bueno tienen las crisis económicas a las que periódicamente nos somete nuestro sistema es la evidencia de la nulidad de los políticos que pretenden hacernos creer que nos representan. Son el producto de años de sumisión y pericia en la gestión de las relaciones dentro de la mecánica implacable de su partido, que les enseña a arrimarse al sol que más calienta, a decirle a cada uno lo que quiere oir y a hacer lo que las circunstancias manden, ignorando lo dicho y hecho con anterioridad o lo que crean o piensen sus teóricos representados.
Esta manera de proceder no sólo está muy extendida, sino que goza del beneplácito casi general. De ahí que un aspirante a presidir el gobierno de España pueda pasarse una campaña electoral entera prometiendo a diestro y siniestro que no subirá los impuestos, sabiendo ya de antemano que deberá hacerlo; y que obtenga el voto de una mayoría absoluta de ciudadanos que lo votan bajo esa promesa con la certeza de que no la cumplirá.
En medio de este juego perverso hay quien se divierte e incluso quien encuentra inspiración para escribir sus memorias. Otros nos retorcemos de indignación e incredulidad cada vez que asistimos al espectáculo de las declaraciones vacuas de los políticos que anuncian austeridad y recortes pero que son incapaces de hacer reformas en profundidad. Un ejemplo de esta manera de proceder son las recientes declaraciones del portavoz del PP en el Senado, el señor José Manuel Barreiros, que parece no entender el gasto de tener que traducir las intervenciones de los senadores cuando todos son capaces de hablar y comprender una lengua común; y en cambio no parece dispuesto a aplicar la misma sensibilidad “económica” cuando se trata de ahorrar en su sueldo y pensión y en los sueldos, pensiones y pequeños reinos de taifa (presidencia, mesa del senado, junta de portavoces, comisiones, diputación permanente, grupos parlamentarios, grupos territoriales) de los 266 diputados que llenan una cámara absolutamente inútil. A parte de sus sueldos y pensiones, nos ahorraríamos la administración, seguridad, limpieza, y manteniento de instalaciones (entre las cuales cuentan con un aljibe, así llaman a la piscina cubierta climatizada; cocina, comedor, gimnasio con vestuarios y saunas, etc).
Otros días, en cambio, parece que se levantan más lúcidos y en vez de bombardearnos con recortes y tijeretazos nos dan lecciones de sentido común y nos riñen por habernos dejado seducir por los cantos de sirena del dinero fácil (ellos! que sacrifican sus vidas en pro del bien común y que siempre aseguran que si no chuparan de la política tendrían sueldos millonarios en la empresa privada). Pues bien, esos otros días nos cuentan que nuestro país no tiene un sistema educativo sólido, que no es suficientemente productivo, que no tiene un tejido industrial potente, que le faltan timoneles valientes y atrevidos capaces de dirigirlo a buen puerto sin dejarse engañar por islotes que a simple vista parecen paraísos pero que no tienen ningún futuro. Y nosotros escuchamos, sorprendidos de su repentina inteligencia, y asintiendo con convicción les aplaudimos con las orejas.
Y de repente, leemos el periódico y despertamos del sueño. Encontramos al timonel en portada vendiéndonos un casino immenso, lleno de posibilidades, puestos de trabajo y constructores buscando un enchufe donde volver a conectar la hormigonera. Una lluvia de billetes cayendo del cielo azul de este maravilloso país de las maravillas. Y respiramos aliviados y liberados de la responsabilidad sobrevenida de tener que construirnos un futuro con esfuerzo y tesón.

Jordi Barberà Argilaga

2.18.2012

Product placement digital (publicat al Diari de Tarragona, 13-02-2012)


El “product placement” es una forma de publicidad alegal que consiste en emplazar anuncios, como quien no quiere la cosa, en medio de escenas de películas y series televisivas. Este tipo de publicidad, que ahora empieza a regularse en nuestro país, es la que nos permite ver series de la televisión catalana en las que los personajes conversan mientras beben una cerveza Estrella Damm o un Cacaolat calentito, y se encuentran por casualidad mientras compran Llet Nostra, queso Cadí y Yogur La Fageda en un supermercado Condis.

También el “product placement” es el culpable de que los desayunos en familia de muchas series españolas se conviertan en despliegues inacabables de zumos, galletas, cereales y productos lácteos en general; o que las adolescentes siempre sigan algún régimen de adelgazamiento, se recomienden cremas hidratantes o contra el acné, o que la regla les venga por sorpresa y necesiten intercambiar compresas extrafinas con alas o tampones.

Esta forma de publicidad no es ilegal, pero tampoco se contabiliza en los tantos por ciento de minutos publicitarios que las televisiones están autorizadas a emitir; eso sin tener en cuenta la ambigüedad de los ingresos obtenidos bajo este concepto: quién puede asegurar que la productora ha obtenido algún ingreso por hacer circular al protagonista de una película en un Mini Cooper Cabrio del grupo BMW y haberle puesto en la muñeca un reloj Patek Philippe 5116G White Gold, mientras se protege del sol con unas gafas Fendi 411 Aviator?

Pero si ustedes son consumidores habituales de cine y de ficción televisiva, todo esto que les cuento no les parecerá nuevo. La novedad es que Telecinco (o mejor dicho, la concesionaria publicitaria del grupo Mediaset España) ha empezado a emplazar publicidad de producción propia dentro de series que ellos mismos habían producido con anterioridad; y se disponen ya a ampliar la experiencia a series producidas por otros. Series que, a su vez, ya incorporaban sus “product placement”. No hace falta ser muy listo para deducir que esta técnica multiplica las posibilidades de obtener ingresos publicitarios en este concepto, a la vez que multiplica los impactos publicitarios que recibimos mientras miramos un producto audiovisual (aunque se supone que también divide la eficacia del impacto).

Si el experimento funciona, que funcionará, podremos ver marcas muy enraizadas en nuestro territorio (por ejemplo este mismo periódico) anunciadas en carteles luminosos de Nueva York o San Francisco, de Toquio o Nueva Delhi. Y quizás llegará el día en que para poder ver bien el fotograma de una película deberemos estirar el cuello e intentar inútilmente sortear la publicidad que saturará las pantallas, como ya pasa en muchas ruedas de prensa de entrenadores de equipos de fútbol de la liga española, reducidos a la mínima expresión envueltos por la publicidad estática del panel que sirve de fondo, por los anuncios que van cambiando en la pantalla que soporta el micrófono y por las botellas de agua y de bebidas isotónicas que casi se salen de plano y que obligan al entrenador de turno a no moverse ni gesticular.

Jordi Barberà Argilaga

1.23.2012

web 2.0 (publicada al Diari de Tarragona, 10 gener 2012)


Hemos oído hablar incansablemente de la web 2.0. Todo, desde hace unos años, es la segunda versión del original. Los programas de televisión y radio se renombran y reinventan con el 2.0. Los libros se retitulan, reeditan o incluso nacen ya con la coletilla 2.0. Pasa un poco como con el famoso 3D: ahora los musicales son en 3D, los artículos son en 3D, la vida entera está en 3D. Como pasa siempre con estas coletillas, normalmente no son nada más que un recurso fácil para maquillar lo ya conocido y acaban por desvirtuar el significado original.

La web 2.0 supuso el paso de las páginas estáticas, que más o menos bien diseñadas y organizadas, no eran nada más que una especie de revista o de folleto informativo sobre la empresa, la asociación, etc; a una plataforma fácilmente actualizable por el autor y que permite la interactividad y la conexión con las redes sociales. En definitiva, se trata más de un espacio abierto, de un punto de encuentro entre gente con intereses comunes, entre clientes y empresa, que de un anuncio o un pamfleto. Es importante, pues, tener claro el concepto y no confundir la interactividad y la horizontalidad de las webs 2.0, con las simples virguerías técnicas, que si bien pueden ser muy espectaculares, no resultan ni útiles ni atractivas para el nuevo modelo de consumidor.

Hoy, cuando buscamos información o queremos comprar en la red, nos interesa saber quien genera los contenidos, qué opinan los clientes, los consumidores, y queremos poder enriquecer los proyectos con nuestra aportación, que se nos aclaren dudas y que se atiendan nuestras quejas. De ahí que muchos sitios web se hayan convertido en gestores de ofertas o en comparadores de tarifas y servicios. Se ha pasado del puro lenguaje persuasivo de la publicidad de los últimos tiempos, al busque, compare y si encuentra algo mejor: cómprelo. Y al cambiar el concepto también han cambiado las formas, el diseño. Ya no se trata de proyectar la imagen de la empresa concebida en un estudio de diseño gráfico lleno de postadolescentes con bigote y patillas, sino de hablar de los productos, compararlos, conocer a los ingenieros, comentar sus defectos, sugerir innovaciones y mantenernos informados sobre noticias relacionadas con el producto o sus utilidades. Es, de alguna forma, la democratización de la producción de los bienes de consumo y de su promoción.

Un ejemplo de este tipo de nueva mentalidad es la que provocó que varias marcas comerciales de la industria alimentaria retiraran la publicidad del programa La noria, después de cruzar lo que muchos espectadores entendieron como una linea roja de la ética periodística: Jordi González, el presentador, entrevistó, a cambio de 10.000 euros, a la madre de el cuco, un menor condenado por encubrir la desaparición y presunto asesinato de Marta del Castillo. Aunque como todo en el circo de la comunicación, no se sabe si todos estos “movimientos éticos” de las empresas anunciantes ayudan o perjudican a la ética periodística: el programa que emitió la entrevista tuvo casi dos millones de espectadores, pero el que le siguió, después de la difusión de la noticia sobre la retirada de los anunciantes, llegó casi a dos millones y medio de espectadores (casi el 20% de cuota de pantalla).

Más allá de la anécdota, cada vez es más patente el poder de los consumidores. Ahora ya sólo nos queda empezar a trasladar estos mecanismos a nuestro sistema democrático. Que los avances tecnológicos sirvan para controlar mejor los recursos y a los representantes públicos, para incidir en sus decisiones, corregir errores y hacer la vida más fácil a todos los ciudadanos.

12.20.2011

Micrófonos abiertos (publicat al Diari de Tarragona el dilluns 19 de desembre)


Muy de vez en cuando, los micrófonos abiertos antes de tiempo, o no cerrados a tiempo, son un resquicio de luz que deja entrever un poco de verdad y de color en los grises salones de la política y de la administración de nuestros destinos. Esta vez, los pillados han sido Nicolas Sarkozy y Barack Obama, a propósito del presidente israelí, Benjamin Netanyahu: Barack Obama echaba en cara a Sarkozy el apoyo francés al reconocimiento palestino en la UNESCO y el presidente francés confesaba no tragar a Netanyahu: “Es un mentiroso. No puedo ni verlo”; a lo que Obama añadía que él tenía que soportarlo a diario, dejando patente el suplicio que suponía su trato.

Otro desliz reciente ha sido el de la juez Ángela Murillo, que juzgaba al ex-jefe militar de ETA, Francisco Javier García Gaztelu “Txapote”, y a otros tres etarras, por el asesinato, en 2001, de José Javier Múgica, cuando era concejal de UPN en Leiza. La magistrada, después de escuchar la declaración de la viuda de Múgica, ante la actitud imperturbable y cínica de los etarras, no pudo evitar comentar: “pobre mujer... y encima se ríen, esos cabrones”. En este caso, además del descuido y de la obligación de repetir el juicio, está la eterna necesidad que muchos tenemos de comentar lo que nos sucede con el de la lado. Seguramente, si la juez no se hubiese dirigido a su compañero para dejar constancia de la miseria moral de los etarras, ahora tendría una úlcera en el estómago.

Sin duda, estos episodios son completamente indeseables para sus protagonistas; pero a nosotros, los súbditos, nos ayudan a descubrir que bajo la dura coraza comunicativa de nuestros políticos hay una persona de carne y hueso, con sus debilidades y con capacidad de aburrirse incluso de él mismo: como el ex-presidente del gobierno español, José María Aznar, que después de pronunciar un discurso soporífero y sin ninguna aportación relevante sobre la Unión Europea, afirmó “sotto voce”: “vaya coñazo que les he soltado”; o como el ahora flamante presidente del gobierno, Mariano Rajoy, que, ante la perspectiva de tener que asistir al desfile militar del 12 de octubre, comentó: “mañana tengo el peñazo del desfile”. Parece que esto del poder aburre bastante.

Sólo unos cuantos elegidos ―o no elegidos― pueden permitirse el lujo de soltar la lengua a micrófono abierto, como Su Majestad el Rey de España, que mandó callar al presidente venezolano Hugo Chávez, el famoso “por qué no te callas?”. Lástima que no hubiese mantenido tan a raya a su yerno Don Iñaki.

12.08.2011

Absoluta mayoría (publicat al Diari de Tarragona, 25-XI-2010)


Ya tenemos nuevo presidente. Mariano Rajoy ha obtenido la mayoría absoluta más abrumadora de su partido —superando incluso los excelentes resultados de José María Aznar en el año 2000. Y ha conseguido el apoyo mayoritario de los españoles a pesar de no decir cómo nos va a sacar de la crisis económica y a pesar de no negar lo que todos sabemos: que las únicas recetas para salir de esta crisis nos las marcarán Alemania y Francia, y que no son otras que la desaceleración de la inversión pública, el recorte en las prestaciones sociales y la simplificación de la administración. Está más o menos claro, pues, que los españoles avalan el golpe de estado de los mercados y de los dos principales socios europeos, que han decidido que Europa ya no puede seguir con un mercado único, una moneda única y una única crisis; y con 17 estados (los que tienen el euro como moneda) con distintas políticas económicas, con distintos criterios de endeudamiento, con capacidad para falsear cifras oficiales, o para vivir como ricos a costa de los todavía más ricos.

El problema de esta crisis es que no está sirviendo para lo que de verdad sirven las crisis: para tocar fondo, darse cuenta de lo que no ha ido bien y, después de una profunda reflexión, seguir adelante con el paso cambiado, o buscar un camino alternativo, o un atajo, o construir un camino completamente nuevo. Esta crisis no parece ser nada más que un agotamiento de un modelo de crecimiento constante que necesita una pausa para resituar a cada uno en su sitio. Y a nosotros, los ciudadanos de a pie, los que nos ganamos la vida trabajando, nos toca volver a trabajar para sobrevivir y poco más; y nos toca repartir los exiguos beneficios de nuestro esfuerzo para que unos pocos puedan seguir nadando en la abundancia.

Al menos, en España, hemos podido elegir a Mariano Rajoy y no nos ha pasado como en Italia, donde han puesto a gobernar a un lobo con piel de cordero: Mario Monti: ni más ni menos que un exconsejero internacional de Goldman Sachs, en activo cuando Goldman Sachs se dedicaba a ocultar las cifras del déficit griego, cuando Goldman Sachs se dedicaba a invertir en basura financiera,... Pues esto, para evitar que las ovejas se den cuenta que no hay pastor, nada mejor que fichar a un lobo disfrazado de ovejita. Así las ovejas se sienten seguras en su ignorancia y los lobos pueden seguir zampándose cordero sin el riesgo de que las ovejas aprendan a hacer las cosas de otra manera y algún “ferranadrià” acabe inventando el carpaccio de lobo.

Ahora sólo nos cabe esperar que en el estrecho margen de maniobra que le queda a la política, Mariano Rajoy no lo haga muy muy mal y sea capaz de cumplir con los requerimientos de sus jefes sin condenarnos a todos a una precariedad tan absoluta como su absoluta mayoría.








12.03.2011

Nuestra mejor cara (publicat al Diari de Tarragona)

Es bien sabido y bien estudiado el papel determinante de las redes sociales en la vertebración de los movimientos que han conseguido acabar con algunas dictaduras en los países árabes. Me refiero básicamente a Túnez y Egipto. También juegan un papel de desbloqueo informativo en países donde la transparencia es un lujo impagable, como en China. Y, como no, ayudan a perfeccionar nuestras democracias, creando redes alrededor de intereses concretos, facilitando la proximidad con nuestros políticos y enriqueciendo el debate y la eficiencia en la convocatoria de actos políticos o cívicos.

Facebook y Twitter y las otras, también ayudan a crear empresa. Especialmente a crear imagen y “filosofía” de empresa. A comunicar con nuestros clientes, ofertarles productos, mantenerlos al día sobre las novedades, escuchar sus quejas y sugerencias y atender sus peticiones. Y, evidentemente, Facebook, Twitter y el resto abren un mercado mundial a cualquier tipo de producto.

Otra de sus utilidades, quizás la que altera más el sistema nervioso del intelectual aferrado a las orejas de su butaca, es proyectarnos socialmente, contactar con gente que ya habíamos perdido, conocer a “amigos” de nuestros contactos que nos seducen con sus intervenciones, chatear con alguien que acaba de hacer un comentario que compartimos, o simplemente pedir información sobre un próximo viaje. Todo esto no es muy distinto a lo que hacemos cuando vamos al café de la plaza del pueblo, pero con la diferencia que aquí el pueblo es el mundo y que el café está bien hecho.

Claro que, como en todos los cafés de todos los pueblos del mundo, también hay quien en lugar del diálogo busca el monólogo, quien se dedica a boicotear conversaciones, quien se va de la bola con comentarios que no vienen a cuento, o el que no dice nada y sólo escucha por el placer de curiosear, de aprender o de divertirse. También está el que, antes de salir de casa, para dirigirse al café se viste o se disfraza, se maquilla y peina y esconde la barriga mientras anda: como en el perfil del Facebook, donde todos mostramos nuestra mejor cara y nuestros mejores logros.

Como en todo lo revolucionario de verdad: nada completamente nuevo, pero sí algo profundamente distinto, capaz de conectar muchos nódulos aislados y de abrir nuevos caminos y horizontes. Las redes sociales son un instrumento que cambiará muchas más cosas de las que ya están cambiando y seguro que, con el paso del tiempo, Facebook y Twitter y las otras, nos parecerán plataformas dignas de un anticuario, como los videojuegos de los años 80 o los ordenadores de más de 15 años.

10.17.2011

Financiación en masa (publicat al Diari de Tarragona 14-10-2011)



Durante los años de bonanza económica para los trabajadores y pequeños empresarios —ahora sólo lo son para el sector financiero y los especuladores—, las políticas culturales de muchos ayuntamientos y administraciones públicas en general consistían básicamente en abastecer de subvenciones a las entidades y asociaciones culturales, cívicas o sociales; a parte, claro está, del dispendio de las fiestas mayores: siempre dirigido a satisfacer a todos los públicos y a superar la juerga del año anterior.

Este tipo de política a corto plazo, dirigido sólo a volver a ganar las próximas elecciones municipales, ha comportado (con las actuales restricciones del presupuesto) la desaparición, prácticamente total, de la pequeña industria cultural y ha ahuecado la capacidad de movilización y de actuación de las asociaciones culturales. Y es que, una vez recortadas las partidas con más gasto —sanidad y educación—, la cultura aparece —o deberíamos decir: reaparece— como el elemento más frágil y prescindible; y, como casi siempre, eso comporta la evaporación de proyectos que nunca habían sido nada más que humo, pero también el fin de proyectos sólidos, serios y de largo recorrido que sufrirán la asfixia de la repentina obsesión por frenar el déficit.
Ante este panorama, podemos y debemos clamar al cielo —o a donde sea— y lamentar la ceguera de los políticos que, para salvar sus reinos de taifa, no se les ocurre nada más que quitarse una mísera paga extra, pero sin renunciar a seguir con las multiplicidades administrativas o con pensiones y privilegios que sólo gozan ellos y no el resto de mortales. Pero a parte de ese clamor necesario, también podemos cobijarnos al abrigo de nuevas formas de activismo cultural, como el crowdfunding (o financiación en masa): Se trata de ayudar a financiar todo tipo de proyectos con microaportaciones que permitan su realización y al mismo tiempo nos permitan gozar de su consumo posterior.

Una de las mejores plataformas de crowdfunding que existe en nuestro país es Verkami (www.verkami.com). Desde ahí podemos financiar proyectos de lo más variado: un futuro documental sobre Arcadi Oliveres, con aportaciones desde los 5 hasta los 300 euros (estas últimas, con derecho a recibir un reconocimiento en los títulos de crédito del documental, un DVD, un libro del señor Oliveres, una invitación a la fiesta de final de rodaje, una entrevista en los extras del documental y la posibilidad de asistir al rodaje durante un día entero); o también podemos financiar el tercer disco de Los Madison; o el próximo espectáculo de las Carmelas (Texere); o la tercera muestra de arte sonoro (Vinfonies 2011) que tendrá lugar en Vilafranca del Penedès; o ayudar a Marc Freixas a editar su próximo libro de poemas; y un largo, larguísimo etcétera de proyectos culturales que esperan poder hacerse realidad a través de esas pequeñas aportaciones económicas.

Así es como la cultura se defiende de la barbarie, con imaginación y creatividad. Ahora sólo falta fomentar el consumo cultural de nuestras élites dirigentes y esperar de ellos mucho más compromiso, muchísima más honradez y bastante menos cara dura. Mientras, seguiremos creando y clamando al cielo o a donde sea.

10.03.2011

Avergonzado de ser profesor (article publicat al Diari de Tarragona l'1-10-11)



Ser profesor en este país da vergüenza. Es un timo para aquellos que hacen bien su trabajo, un timo a las familias y un timo a los futuros ciudadanos. Para ser profesor en este país, uno estudia lo que le da la gana en la universidad y después tiene que estudiar un postgrado que le capacite como docente (antes le llamaban CAP): pues es un timo, le llamen como le llamen. Los docentes del CAP no saben nada sobre la enseñanza en secundaria y, si saben algo, lo guardan celosamente. Nadie, después de hacer el CAP, sale más capacitado que antes de hacerlo. Nadie. Pueden preguntar a los que lo pasan. Nadie.

Después de aprobar una carrera universitaria y de estudiar un postgrado inútil, tienen que apuntarse a unas listas de sustituciones y, en función de unos parámetros casi mágicos que controla un “programa informático”, con la ayudita de la varita mágica de algún funcionario con ganas de jugar al “dónde está la bolita”, te vas a un instituto que no conoces de nada, donde no conoces a nadie y, al cabo de media horita, te meten en una clase que no has podido preparar, de la que no sabes nada y donde no conoces tampoco a nadie. A veces no sabes ni la materia que vas a impartir.

Pero no hay que preocuparse, que no cunda el pánico, da igual como hagas tu trabajo. A nadie le importa lo más mínimo. Nadie. Repito, nadie, va a entrar en tu clase para decirte si lo haces bien o mal. A nadie le importa si la dirección está satisfecha con tu trabajo, si los alumnos aprenden y muestran interés por la materia, si los padres se sienten apoyados. Da igual. Cuando acabas la sustitución vuelves a ser un numerito y así te pasas el curso. Pero no todo el curso, porque cuando se acercan las vacaciones de navidad, o las de semana santa, o las magníficas vacaciones de verano, el funcionario o funcionaria a quien sustituyes de repente se recuperará y volverá a estar al cien por cien para dar cuatro clases e irse a esquiar a Baqueira o de safari a Tanzania.

Si un año, por casualidad, has conseguido trabajar los seis últimos meses de curso, puedes cobrar el mes de julio, pero a cambio debes presentarte a oposiciones. Allí te tratarán como a un desgraciado que osa aspirar al Olimpo de los dioses. Te preguntarán sobre un temario absurdo y deberás volver a explicar lo ya te explicaron en bachillerato y en la universidad. Deberás presentar una programación didáctica y defenderla ante el tribunal. Y si tienes suerte, puede que te aprueben, e incluso que te pongan un notable. Pero eso tampoco sirve de nada. De nada. Resulta que lo más valioso, una vez superada la prueba, es el tiempo que llevas trabajado; no la calidad de tu trabajo, sino el tiempo cotizado en la seguridad social. Pero tampoco vale el tiempo trabajado en empresas privadas o como autónomo. No. Sólo el tiempo que has estado ocupando un espacio con tu trasero en una silla de un instituto público.

Si por casualidad apruebas, ya está. Lo has conseguido. Ya puedes seguir yendo a trabajar o a no trabajar. A nadie le va a importar lo más mínimo. Sólo tienes que cumplir unos requisitos facilísimos: si no vas a trabajar pide la baja (y acuérdate de volverte a dar de alta cuando se acerque la navidad, la pascua y el verano), no toques a ningún alumno (aunque esté a punto de inmolarse), intenta que ningún padre o madre te denuncie. Con esto es suficiente. Y si no apruebas las oposiciones, no te deprimas. Seguirá sin importarle a nadie como hagas tu trabajo, pero deberás estar pendiente, todos los lunes, miércoles y viernes del numerito que el “programa informático” decida que tiene trabajo. Eso sí, no podrás quejarte ni hacer ninguna consulta. Porque nadie, nadie, contestará a tus preguntas en las direcciones de correo que se supone que están a disposición del personal docente. Tampoco nadie te atenderá al teléfono y, si gozas de tiempo libre y de muy poca dignidad, y te desplazas hasta el Departamento de Personal, de 12 a 14 horas, sólo de 12 a 14 horas, podrás hacer un poquito de cola y entrar en un despacho con un montón de señores y señoras sorprendidos de tu osadía que te responderán que tus problemas son fruto del sistema informático, o de los de arriba, o de que tu te olvidaste marcar una crucecita en la opción correspondiente, esa semana de febrero que salió en el DOGC que los profesores sustitutos de secundaria podían activar la opción de no se sabe qué. Lo dicho, una vergüenza.

Jordi Barberà Argilaga
Diseñador gráfico y editor








9.18.2011

Bla bla bla (Diari Tarragona, 16 de setembre)


Otra vez. La pesadísima cantinela del castellano en Cataluña y los derechos de las familias a que sus hijos estudien en la lengua que les dé la gana. La cancioncilla de las multas lingüísticas y de la persecución de los castellanohablantes. Y bla bla bla.

Son las siete menos cuarto de la mañana y saco a pasear a los perros. Me encuentro a dos vecinos, los dos hablan castellano. Con uno sigo hablando catalán y él sigue haciéndolo en castellano; y con el otro (que ya tiene más de setenta años) hablo siempre en castellano. Me preparo el desayuno y sólo un tarro de mermelada, que finalmente no utilizo, está etiquetado en catalán (es una marca blanca del supermercado Esclat). El resto: el café, galletas, tostadas, cereales, yogur, todo en castellano.

Son las siete y media, preparo los biberones de mis dos hijos: todo en castellano (el agua, la leche, los cereales). Sintonizo distintos canales de televisión: sólo tres emiten en catalán. Termino, apago y salgo de casa. Mientras espero la llegada del autobús, tomo un café: la camarera habla castellano, el nombre del bar está en castellano, todos los carteles, pizarras, cartas, menús e indicadores del bar están en castellano (al lado de la cafetera hay dos carteles en catalán que reservan el derecho de admisión, no permiten vender bebidas alcohólicas a menores y recuerdan que existen hojas de reclamaciones). La televisión sintonizada en el bar también emite en castellano, los periódicos que compran también están escritos en castellano. Subo al autobús: el conductor habla castellano. Entro en un quiosco y prácticamente todos los periódicos y revistas y libros están en castellano. La dependienta, en buen castellano, me da los buenos días y me advierte que la versión de La Vanguardia que estoy a punto de comprar está en catalán: le digo que ya lo sé, que la prefiero en catalán y le agradezco la preocupación.

Hoy tengo que hacer unas cuantas gestiones laborales: en el Servei d'Ocupació de la Generalitat (antes Oficina de Treball de la Generalitat, y antes Instituto Nacional de Empleo; demasiados collares para tan poco perro) me atienden en castellano y me dan los impresos en bilingüe; en la Seguridad Social me atienden en catalán pero los impresos que necesito no están disponibles en catalán: se han agotado (aunque parece mentira, ya que nadie, absolutamente nadie entre la gente que conversa mientras espera su turno, lo hace en catalán). Terminadas las gestiones, llevo a uno de mis hijos a vacunar y la pediatra habla castellano. Compro paracetamol y todas las instrucciones están en castellano, aunque en la farmacia me atienden en catalán. Y bla bla bla.

Cualquier persona con un espíritu mínimamente científico puede hacer el experimento: sólo hace falta comprarse una libretita e ir anotando en que lengua habla la gente con la que se cruza a diario, anotar cuantas personas se le dirigen en catalán y cuántas lo hacen en castellano, cuántas cambian de una lengua a otra cuando uno no lo hace, anotar con cuantos escritos se enfrenta a diario en catalán y en castellano, cuantas películas ve en catalán y cuántas en castellano, a cuantos videojuegos en catalán y en castellano juegan sus hijos, etc, etc. Hagan el experimento, por favor.

Y entonces explíquenme dónde está el problema en que los niños y las niñas estudien sus materias en catalán y en que, como buenos españoles, aprendan dos de las lenguas más habladas en España, a un nivel de competencia igual al que tienen los niños y las niñas en los territorios monolingües de España. Explíquenme dónde está el problema si en el ámbito escolar la lengua más utilizada es el catalán (que no la única, ya que muchos profesores vehículan las clases en castellano; y en algunos institutos incluso son mayoría los que así lo hacen).

Y entonces, cuando todo este bla bla bla se agote, nos podremos centrar en lo que no funciona de verdad: por qué los presupuestos de educación son tan raquíticos, por qué los profesores están tan poco preparados, por qué el sistema educativo no premia y promociona al personal más eficiente, por qué los alumnos no tienen una buena competencia lectora y escrita ni en catalán ni en castellano, por qué nadie aprende inglés a pesar de estudiarlo año tras año; y tantas, tantas cosas que deberían funcionar para poder construir un país con ciudadanos bien educados.

9.12.2011

Nomenaments vergonyosos

Avui, per enèssima vegada des que estic a les llistes d'ensenyament, educació o com es digui el ditxós departament que només sap canviar de nom; avui, deia, també hi ha hagut nomenaments. I altra vegada m'han passat al davant. Al departament, després de fer la cua de rigor i d'enfrontar-se a les mirades de tots els funcionaris que guaiten de reüll la cara de desconcert que fem els que entrem en aquella sala i no sabem a qui ens hem de dirigir, no m'han tornat a dir que la culpa és del programa informàtic que adjudica les places i prou. Avui, he anat a buscar directament la persona que fa els nomenaments de secundària i m'han dit que resulta que la plaça que hi havia vacant era de l'aula d'acollida i que jo no tenia marcada la casella de l'aula d'acollida. Ves per on. Jo, que he treballat en més de 20 instituts en 6 anys, que he fet classes a tots els nivells de secundària. Jo, que he estat a les aules d'acollida més selectes del país, que he fet classes de català, de castellà, de teatre, de socials, d'educació ètico-cívica, de ciutadania. Jo, que he tingut els horaris més inversemblants (el curs passat feia mitja jornada de dia i mitja de nit, entrava a les 8 del matí i sortia a les 10 de la nit tres dies a la setmana). Jo, que m'he presentat i he aprovat amb notable totes les oposicions a les que m'he presentat. Jo, que he fet tot el que se m'ha manat, que he anat on ha convingut durant 6 anys, ara resulta que no tinc activada la caselleta de l'aula d'acollida i em perdo treballar a Reus durant tot el curs i algú amb 7000 números d'ordre més que jo: PREMI!

I fa una setmana, el premi va tocar a un altre perquè ell preferia el tarragonès i jo el baix camp, i resulta que la plaça era al tarragonès i van tenir el detall de donar-li la plaça a l'altre, tot i que jo estic disposat a anar on calgui i estic situat uns quants milers de números més amunt. I resulta que la funcionària inútil de torn que cobra per atendre els qui volem adreçar-nos a la Delegada Territorial, no vol concedir-me el beneplàcit de tenir una entrevista amb la Delegada Territorial perquè no em dóna la gana de dir-li de què vull parlar amb la delegada; i a sobre amb la prepotència de qui sap que ningú no la podrà fotre fora del curro ni amb aigua calenta, s'apunta el meu nom complet, el meu telèfon i el meu dni però es nega a donar-me el seu nom complet perquè jo no pugui fer una reclamació i deixar constància de la seva ineficiència laboral.

I tot això, perquè tinc la sort de poder agafar el cotxe de Cambrils i plantar-me a Tarragona tants matins com calgui i fer la cua que calgui i deixar-me trepitjar tan com calgui, perquè si no, encara espero que algú em contesti els correus a l'adreça de consultes que diuen que hi ha disponible, o que algú es digni a atendre'm per telèfon.

Una vergonya. A això, a aquest tracte abusiu, a aquest despropòsit, se l'anomena assetjament laboral. I és especialment greu quan un pot demostrar la seva competència laboral. Només cal preguntar als equips directius dels centres on he estat destinat. És per això que he decidit denunciar el departament per assetjament i fer-ho també davant del Síndic de Greuges de Catalunya (identificador de la denúncia: 25168). L'educació, l'ensenyament o com li volgueu dir, d'aquest país es mereix uns bons professionals, competents, entregats a la seva feina, i no un ramat de bens que fan anar amunt i avall en funció del vent que un funcionari en cap decideix que ha de bufar o deixar de fer-ho.

9.10.2011

El mejor de los mundos (publicat al Diari de Tarragona dv, 2-9-11)


Vivo, vivimos, en el mejor de los mundos posibles. Lo descubrí de repente, como una iluminación, en la primavera de 1996 —precisamente el año internacional para la erradicación de la pobreza—, poco después de tomar tierra en Londres y vagar sin rumbo durante un par de días en una naufragio planificado. Arribé mucho más allá de la zona 5, en la periferia: unos inmensos campos de entreno de rugbi que a finales de primavera se convertían en un campo de refugiados: treinta y seis literas, setenta y dos personas en seis o siete tiendas de campaña gigantes a un precio simbólico que nadie te obligaba a pagar.

La gente entraba y salía, bebía y comía a todas horas. Me senté a esperar y observé como salían punkies italianos, con las crestas impecables, de esos black cabs (los taxis característicos de Londres, y los más caros de la ciudad), que los acercaban a las puertas del camping benéfico; observé también como dos estudiantes de biología flamencos, becados por su universidad y su municipio para contemplar el espectáculo botánico del florecimiento de una flor maloliente que sólo duraba 24 horas, se emborrachaban de whisky y acababan comprando las fotos del acontecimiento a un periodista local para poder justificar el viaje y el dinero invertido en su aventura.

Allí conocí a Thomas. Un pelirrojo de más de 100 quilos que había huido de su país, Suiza, cansado de no conseguir que lo dejaran vivir en la calle, sin domicilio fijo y sin recibir ninguna ayuda oficial o de su familia. Él sólo quería vagar por las calles, dormir en el suelo público y alimentarse de las circunstancias cambiantes de cada día. Y por qué dormía en un camping del extrarradio londinense si lo que quería era vagar por las calles sin domicilio fijo? Pues porque en primavera el camping se llenaba de jóvenes de todo el mundo con ganas de conocer a un pelirrojo suizo de más de 100 quilos harto de no poder vivir sin domicilio fijo. “Se puede renunciar a todo menos a estas francesas vegetarianas”, me confesó Thomas, señalando con la cabeza a un grupo de seis o siete chicas que bebían cerveza y reían en una mesa cercana.

Y es que nosotros, europeos con pasaporte europeo, nos quejamos incluso de vivir en el mejor de los mundos posibles. Un mundo dónde entre todos hemos acordado no dejarnos vagar por las calles, no dejarnos morir de inanición, curarnos y educarnos (incluso cuando no queramos ser curados o educados). Nos quejamos de viajar siempre con billete de vuelta, de ver la miseria a través de una cámara de vídeo. Y a veces sentimos la tentación de abandonarnos a la cruel naturaleza, de volver a ser esa cebra asustada que pace en la sabana, temerosa de cualquier ruido entre la vegetación próxima. Pero cuando el león se acerca siempre tenemos la certeza de que alguien saldrá de entre la maleza y le disparará una bala entre ceja y ceja.

Quizá ahora, en plena crisis económica, sea un buen momento para alegrarnos de vivir en el mejor de los mundos posibles y hacer un balance honesto. Y empezar a tener claro qué es lo irrenunciable y a qué deberemos renunciar para vivir de verdad en el mejor de los mundos posibles y no en el mejor de los continentes posibles.

Jordi Barberà Argilaga

9.02.2011

Más recortes (publicat al Diari de Tarragona, divendres 19 d'agost)


Un decenio, doce, quince años: y una nueva crisis. Esta vez financiera. Esta vez parece que por culpa de la especulación de los mercados financieros, que se dedicaron a empaquetar deuda: manzanas podridas bajo un celofán estrellado (el truco más viejo del mundo, el truco más viejo de la publicidad, el truco más viejo de los estafadores). Pero los viejos trucos siempre funcionan —la única premisa es no abusar de ellos, de ahí el carácter cíclico de la economía—; se trata de jugar con los instintos más bajos del ser humano: con su codicia, su vanidad, sus inseguridades: yo te dejo dinero y tu te lo gastas; cuando se te acabe yo te dejaré más; y cuando ya no te acuerdes de lo que cuesta ganarlo, cierro el grifo, me quedo con todo lo que has comprado con mi dinero y me sigues debiendo todo el dinero que te dejé. Y si por el camino algo no me sale como esperaba, o no me sale a cuenta el negocio, rompo la baraja y a tomar viento. Así de simple. Así de fácil.

Y al tiempo que todos jugábamos al Monopoly, la administración se hinchaba con las plusvalías de tanta prosperidad: se construían polideportivos parecidos en pueblecitos cercanos, piscinas y gimnasios municipales, jacuzzis para el bienestar de sus 150 habitantes, teatros para poder ver las mismas obras que ya se programaban a quince kilómetros sin necesidad de salir del pueblo, facultades con centenares de catedráticos y profesores para decenas de alumnos (la universidad da para unos cuantos artículos); ayuntamientos de menos de 250 habitantes con alcaldes a sueldo, miles de concejales, consejeros comarcales, presidentes de consejo, diputados y presidentes de diputación —ya me disculparán que no abuse de las mayúsculas—, delegados territoriales de la Generalitat, diputados y consejeros autonómicos, presidentes de gobierno, de parlamentos y de senados, delegaciones del gobierno central, diputados y senadores del Gobierno de España, parlamentarios europeos —todos con sus sueldazos, sus cohortes, sus carros, sus soldados, sus dietas, sus reuniones, sus desplazamientos, sus teléfonos, ordenadores, twitters, facebooks, secretarios, gabinetes de comunicación, sus vergonzosas pensiones—; cargos de confianza (algunos sin formación ni experiencia en sus cargos), funcionarios y profesores y maestros —escogidos con criterios del siglo XIX, ante tribunales arbitrarios, sin derecho a recibir una explicación sobre el aprobado o el suspenso.

Y policías, sí. Eso sí. Muchos policías y muchas cárceles. Para garantizar nuestra seguridad, la de nuestros políticos, la de nuestro sistema financiero —entretanto, el Paseo de Gracia se llena de señores Núñez y Millet y Prenafeta y Muñoz, paseando su impunidad. Policías que aplaquen el golpe, la caída; hasta que dentro de un par de años o un lustro todo vuelva a su sitio y volvamos a sonreír y empecemos de nuevo a amasar el sueño de ser todos ricos y propietarios, sin distinción de clase social ni de raza ni de nada. Y un decenio más tarde, otra vez la soga en el cuello. Las escuelas de negocios (esas que encumbran a nuestro país a las más altas esferas de la inteligencia económica) ya habrán inventado o justificado una nueva manera de estafarnos a todos y, cuando todo vuelva a estallar, los periódicos volverán a llenarse durante años con los pormenores de la estafa. Y saldrán por la tele los mismísimos estafadores explicando, como si la cosa no fuera con ellos, como las moscas acudían al panal de rica miel y como morían asfixiadas por la gula y la lujuria de ese festín programado y pensado por ellos mismos. Y se divertirán de nuevo con sus hipótesis y predicciones. Como si contemplaran un espectáculo pirotécnico.

Quizá sí que podríamos empezar a recortar. Podríamos empezar por cerrar las escuelas de negocios que servían para adoctrinar a los especuladores y empaquetadores de manzanas putrefactas. O por aglutinar ayuntamientos hasta gestionar un número de habitantes suficientes para disponer de unos determinados servicios regulados por ley; y, en consecuencia, acabar con las administraciones supramunicipales y demás reinos de taifas. O por vaciar los ministerios que tienen traspasadas las competencias a las autonomías, o los que las tienen traspasadas, de facto, al gobierno europeo. O por agrupar a todas las universidades públicas catalanas bajo una misma marca; racionalizando y descentralizando, claro. O por clausurar las líneas de AVE llenas de polvo y los aeropuertos fantasma; y encerrar, de paso, a los que los mandaron construir.

Podríamos empezar por muchos sitios, pero sólo a ellos se les ocurriría empezar por nuestra educación, por nuestra cultura y por nuestra salud.

8.06.2011

Se vende hielo frío (publicat al Diari de Tarragona, 05-08-11)



A estas alturas de desarrollo de la sociedad capitalista, sobra explicar otra vez la importancia de la publicidad para dar a conocer un producto y, especialmente, para construir una marca, un concepto que acabe traduciéndose en un deseo, en una necesidad imperiosa, en un acto de consumo.

También está de más constatar el coste millonario (en euros!) de buena parte de los proyectos públicos y privados: la construcción de una piscina o un polideportivo, de autopistas, puentes y aeropuertos (a veces sin aviones), trenes de alta velocidad (a veces sin pasajeros con prisa), calles y urbanizaciones, ciudades enteras y un largo, larguísimo etcétera.

Lo que sí es preciso evidenciar es como, una vez invertidos esos miles de euros en campañas publicitarias, webs, anuncios en prensa, dípticos, trípticos, flyers, tarjetas y tarjetones, paseos, calles y ciudades, autopistas, aeropuertos, trenes y catenarias, parques y jardines, pistas de esquí y complejos industriales, a muchos se les olvida tener el detalle de contratar a un mísero filólogo, o incluso a un aprendiz de ello, para no cometer faltas de ortografía, para no construir frases incorrectas o, peor aún, incomprensibles o, peor aún, confusas.

Porque una cosa es que una persona con más o menos formación académica e inquietud cultural, empujada por las circunstancias, decida emprender una nueva empresa y, ante la desolación, se dedique a redactar carteles, muchas veces manuscritos, capaces de sacarnos una sonrisa, como el que encabeza este artículo y que alegraba los cristales grasientos de una gasolinera: “Se vende hielo frío”; o uno que colgaba de una farola: “Se pintan casas a domicilio”; o lo que escribió el propietario de un bar en su pizarra exterior: “Te tomas un vino, te invitamos a otro, y sólo pagas dos”. Esta última ya no parece tan ingenua. Una cosa es esto y otra muy distinta es reírse de la gente: hay que gastarse cuatro perras en hacer las cosas bien, aunque sólo sea por vergüenza, por respeto a los demás, por no echar por la borda todo el trabajo bien hecho.

De esta manera nos hubiésemos ahorrado ver anuncios de unos conocidos grandes almacenes, a página entera e insertados en la prensa española durante más de una temporada, con el pronombre “ti” acentuado. O los dípticos de una conocida red de venta de material informático que nos ofrecen la posibilidad de pedir un “presupost” (así, en catalán y con una sola ese); eso sí, sin ningún compromiso. O la vergüenza ajena de recibir la factura por la compra de un vehículo (de casi cincuenta mil euros) con más de diez faltas de ortografía. O nos ahorraríamos, todavía hoy, el desengaño de pasear por un bonito paseo marítimo (pongamos el de Cambrils), con costosas playas esculpidas con el esfuerzo de los dineros de sus ciudadanos (y con el que se dejan sus visitantes), rodeadas de unos austeros pero magníficos jardines de vegetación baja típicamente mediterránea, que lucen unos carteles bilingües (castellano/catalán) con una falta de ortografía que se extiende a lo largo de los seis o siete kilómetros de su parte sur: “no trepitjeu”, así, con jota, con total impunidad, durante más de un año. Inmutable.

Y ante la crisis, en lugar de ahorrar en traer la arena del fondo del mar, o en colocar una a una piedras gigantes que ayuden a conservar cada metro de playa, o en lugar de prescindir de la madera tropical que bordea el paseo, o de la plantación de un jardín, nos dirán que tenemos que ahorrar los 50 euros que cuesta corregir una frase en cualquiera de nuestras dos lenguas oficiales.