4.21.2012

Kale Borroka (publicat al Diari de Tarragona, 20/04/2012)

imatge extreta del blog elsenyor9

Despidos, recortes en sanidad y educación, reducción de jornada y sueldos, caída del poder adquisitivo, condescendencia con los mercados financieros, austeridad en los presupuestos generales, inversión bajo mínimos, aumento del precio de los combustibles y de la energía, indultos a corruptos de partidos políticos en el poder, robos principescos, corruptos declarados no culpables, bancos que ejercen la usura concediéndonos créditos con nuestro propio dinero, desmantelamiento del estado autonómico, duplicidades administrativas, infraestructuras inútiles (aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad orientados a callejones sin salida), gestores públicos impunes; altos cargos, directivos y consejos de administración (que no se juegan nada, que no emprenden nada) con sueldazos y pensiones robadas a los contribuyentes; expolíticos colocados a cuerpo de rey en empresas estratégicas, pisos de protección oficial desocupados, impagos a los empresarios, aumento del número de suicidios, amnistia a los delincuentes fiscales, desahucios y un largo etcétera que, según cada situación y contexto, cualquier lector sabrá completar: éste es el statu quo: nuestro día a día.

Y ante tamaño despropósito, al gobierno español y a su socio, el timonel Mas y demás piratas, no se les ocurre nada más que equiparar los disturbios, muy muy muy minoritarios, que suele haber después de una huelga general, o de una protesta digna de mención (aquí, en Pequín y en Pocón) a la kale borroka (al terrorismo callejero de baja intensidad que ETA utilizaba para acuciar el miedo y burlarse de sus víctimas) .

Por qué no equiparan la evasión fiscal al terrorismo? O el endeudamiento irracional de algunos reinos de taifa de nuestro país? O la corrupción política? O la financiación irregular de partidos políticos? O por qué no se les ocurrió antes equiparar los disturbios posteriores a los partidos de fútbol a la kale borroka? O, ya puestos, la SalouFest?

Nadie debería estropear el mobiliario público, ni amedrentar a los ciudadanos que no quieren unirse a los huelguistas, ni destruir los negocios que otros han levantado con esfuerzo. Nadie debería erigirse en juez y en verdugo por mucha rabia y dolor que sienta. Quien opta por ejercer cierta dosis de violencia debe responsabilizarse de lo que ha hecho, pero de ahí a condenarlo como terrorista existe un abismo. Y ese abismo lo profundizan precisamente los que temen ser víctimas del descontento, de la rabia y del dolor.

La responsabilidad de los destrozos callejeros debe pesar sobre sus autores. Pero los políticos no deben olvidar que sobre ellos pesará la cárcel y el sufrimiento de los condenados y que sobre ellos pesarán los muertos, como el farmacéutico griego Dimitris Chirstoulas, un jubilado de 77 años, que impotente por no poder seguir a alguien dispuesto a luchar con un kalashnikov, e incapaz de imaginarse a si mismo buscando comida entre la basura, prefirió dispararse con la esperanza que algún día los jóvenes griegos sin futuro cuelguen, en la misma plaza donde él se quitó la vida, a los traidores de la nación; como hicieron los italianos con Mussolini en 1945. Éste es el veneno que se cuece con la ruptura de las bases del estado social. Los políticos que ahora están en el poder deberían empezar a entender que la paciencia no es infinita y que no hay nada ni nadie que sea eterno.

Jordi Barberà Argilaga

3.03.2012

Timoneles despistados




Si algo bueno tienen las crisis económicas a las que periódicamente nos somete nuestro sistema es la evidencia de la nulidad de los políticos que pretenden hacernos creer que nos representan. Son el producto de años de sumisión y pericia en la gestión de las relaciones dentro de la mecánica implacable de su partido, que les enseña a arrimarse al sol que más calienta, a decirle a cada uno lo que quiere oir y a hacer lo que las circunstancias manden, ignorando lo dicho y hecho con anterioridad o lo que crean o piensen sus teóricos representados.
Esta manera de proceder no sólo está muy extendida, sino que goza del beneplácito casi general. De ahí que un aspirante a presidir el gobierno de España pueda pasarse una campaña electoral entera prometiendo a diestro y siniestro que no subirá los impuestos, sabiendo ya de antemano que deberá hacerlo; y que obtenga el voto de una mayoría absoluta de ciudadanos que lo votan bajo esa promesa con la certeza de que no la cumplirá.
En medio de este juego perverso hay quien se divierte e incluso quien encuentra inspiración para escribir sus memorias. Otros nos retorcemos de indignación e incredulidad cada vez que asistimos al espectáculo de las declaraciones vacuas de los políticos que anuncian austeridad y recortes pero que son incapaces de hacer reformas en profundidad. Un ejemplo de esta manera de proceder son las recientes declaraciones del portavoz del PP en el Senado, el señor José Manuel Barreiros, que parece no entender el gasto de tener que traducir las intervenciones de los senadores cuando todos son capaces de hablar y comprender una lengua común; y en cambio no parece dispuesto a aplicar la misma sensibilidad “económica” cuando se trata de ahorrar en su sueldo y pensión y en los sueldos, pensiones y pequeños reinos de taifa (presidencia, mesa del senado, junta de portavoces, comisiones, diputación permanente, grupos parlamentarios, grupos territoriales) de los 266 diputados que llenan una cámara absolutamente inútil. A parte de sus sueldos y pensiones, nos ahorraríamos la administración, seguridad, limpieza, y manteniento de instalaciones (entre las cuales cuentan con un aljibe, así llaman a la piscina cubierta climatizada; cocina, comedor, gimnasio con vestuarios y saunas, etc).
Otros días, en cambio, parece que se levantan más lúcidos y en vez de bombardearnos con recortes y tijeretazos nos dan lecciones de sentido común y nos riñen por habernos dejado seducir por los cantos de sirena del dinero fácil (ellos! que sacrifican sus vidas en pro del bien común y que siempre aseguran que si no chuparan de la política tendrían sueldos millonarios en la empresa privada). Pues bien, esos otros días nos cuentan que nuestro país no tiene un sistema educativo sólido, que no es suficientemente productivo, que no tiene un tejido industrial potente, que le faltan timoneles valientes y atrevidos capaces de dirigirlo a buen puerto sin dejarse engañar por islotes que a simple vista parecen paraísos pero que no tienen ningún futuro. Y nosotros escuchamos, sorprendidos de su repentina inteligencia, y asintiendo con convicción les aplaudimos con las orejas.
Y de repente, leemos el periódico y despertamos del sueño. Encontramos al timonel en portada vendiéndonos un casino immenso, lleno de posibilidades, puestos de trabajo y constructores buscando un enchufe donde volver a conectar la hormigonera. Una lluvia de billetes cayendo del cielo azul de este maravilloso país de las maravillas. Y respiramos aliviados y liberados de la responsabilidad sobrevenida de tener que construirnos un futuro con esfuerzo y tesón.

Jordi Barberà Argilaga

2.18.2012

Product placement digital (publicat al Diari de Tarragona, 13-02-2012)


El “product placement” es una forma de publicidad alegal que consiste en emplazar anuncios, como quien no quiere la cosa, en medio de escenas de películas y series televisivas. Este tipo de publicidad, que ahora empieza a regularse en nuestro país, es la que nos permite ver series de la televisión catalana en las que los personajes conversan mientras beben una cerveza Estrella Damm o un Cacaolat calentito, y se encuentran por casualidad mientras compran Llet Nostra, queso Cadí y Yogur La Fageda en un supermercado Condis.

También el “product placement” es el culpable de que los desayunos en familia de muchas series españolas se conviertan en despliegues inacabables de zumos, galletas, cereales y productos lácteos en general; o que las adolescentes siempre sigan algún régimen de adelgazamiento, se recomienden cremas hidratantes o contra el acné, o que la regla les venga por sorpresa y necesiten intercambiar compresas extrafinas con alas o tampones.

Esta forma de publicidad no es ilegal, pero tampoco se contabiliza en los tantos por ciento de minutos publicitarios que las televisiones están autorizadas a emitir; eso sin tener en cuenta la ambigüedad de los ingresos obtenidos bajo este concepto: quién puede asegurar que la productora ha obtenido algún ingreso por hacer circular al protagonista de una película en un Mini Cooper Cabrio del grupo BMW y haberle puesto en la muñeca un reloj Patek Philippe 5116G White Gold, mientras se protege del sol con unas gafas Fendi 411 Aviator?

Pero si ustedes son consumidores habituales de cine y de ficción televisiva, todo esto que les cuento no les parecerá nuevo. La novedad es que Telecinco (o mejor dicho, la concesionaria publicitaria del grupo Mediaset España) ha empezado a emplazar publicidad de producción propia dentro de series que ellos mismos habían producido con anterioridad; y se disponen ya a ampliar la experiencia a series producidas por otros. Series que, a su vez, ya incorporaban sus “product placement”. No hace falta ser muy listo para deducir que esta técnica multiplica las posibilidades de obtener ingresos publicitarios en este concepto, a la vez que multiplica los impactos publicitarios que recibimos mientras miramos un producto audiovisual (aunque se supone que también divide la eficacia del impacto).

Si el experimento funciona, que funcionará, podremos ver marcas muy enraizadas en nuestro territorio (por ejemplo este mismo periódico) anunciadas en carteles luminosos de Nueva York o San Francisco, de Toquio o Nueva Delhi. Y quizás llegará el día en que para poder ver bien el fotograma de una película deberemos estirar el cuello e intentar inútilmente sortear la publicidad que saturará las pantallas, como ya pasa en muchas ruedas de prensa de entrenadores de equipos de fútbol de la liga española, reducidos a la mínima expresión envueltos por la publicidad estática del panel que sirve de fondo, por los anuncios que van cambiando en la pantalla que soporta el micrófono y por las botellas de agua y de bebidas isotónicas que casi se salen de plano y que obligan al entrenador de turno a no moverse ni gesticular.

Jordi Barberà Argilaga

1.23.2012

web 2.0 (publicada al Diari de Tarragona, 10 gener 2012)


Hemos oído hablar incansablemente de la web 2.0. Todo, desde hace unos años, es la segunda versión del original. Los programas de televisión y radio se renombran y reinventan con el 2.0. Los libros se retitulan, reeditan o incluso nacen ya con la coletilla 2.0. Pasa un poco como con el famoso 3D: ahora los musicales son en 3D, los artículos son en 3D, la vida entera está en 3D. Como pasa siempre con estas coletillas, normalmente no son nada más que un recurso fácil para maquillar lo ya conocido y acaban por desvirtuar el significado original.

La web 2.0 supuso el paso de las páginas estáticas, que más o menos bien diseñadas y organizadas, no eran nada más que una especie de revista o de folleto informativo sobre la empresa, la asociación, etc; a una plataforma fácilmente actualizable por el autor y que permite la interactividad y la conexión con las redes sociales. En definitiva, se trata más de un espacio abierto, de un punto de encuentro entre gente con intereses comunes, entre clientes y empresa, que de un anuncio o un pamfleto. Es importante, pues, tener claro el concepto y no confundir la interactividad y la horizontalidad de las webs 2.0, con las simples virguerías técnicas, que si bien pueden ser muy espectaculares, no resultan ni útiles ni atractivas para el nuevo modelo de consumidor.

Hoy, cuando buscamos información o queremos comprar en la red, nos interesa saber quien genera los contenidos, qué opinan los clientes, los consumidores, y queremos poder enriquecer los proyectos con nuestra aportación, que se nos aclaren dudas y que se atiendan nuestras quejas. De ahí que muchos sitios web se hayan convertido en gestores de ofertas o en comparadores de tarifas y servicios. Se ha pasado del puro lenguaje persuasivo de la publicidad de los últimos tiempos, al busque, compare y si encuentra algo mejor: cómprelo. Y al cambiar el concepto también han cambiado las formas, el diseño. Ya no se trata de proyectar la imagen de la empresa concebida en un estudio de diseño gráfico lleno de postadolescentes con bigote y patillas, sino de hablar de los productos, compararlos, conocer a los ingenieros, comentar sus defectos, sugerir innovaciones y mantenernos informados sobre noticias relacionadas con el producto o sus utilidades. Es, de alguna forma, la democratización de la producción de los bienes de consumo y de su promoción.

Un ejemplo de este tipo de nueva mentalidad es la que provocó que varias marcas comerciales de la industria alimentaria retiraran la publicidad del programa La noria, después de cruzar lo que muchos espectadores entendieron como una linea roja de la ética periodística: Jordi González, el presentador, entrevistó, a cambio de 10.000 euros, a la madre de el cuco, un menor condenado por encubrir la desaparición y presunto asesinato de Marta del Castillo. Aunque como todo en el circo de la comunicación, no se sabe si todos estos “movimientos éticos” de las empresas anunciantes ayudan o perjudican a la ética periodística: el programa que emitió la entrevista tuvo casi dos millones de espectadores, pero el que le siguió, después de la difusión de la noticia sobre la retirada de los anunciantes, llegó casi a dos millones y medio de espectadores (casi el 20% de cuota de pantalla).

Más allá de la anécdota, cada vez es más patente el poder de los consumidores. Ahora ya sólo nos queda empezar a trasladar estos mecanismos a nuestro sistema democrático. Que los avances tecnológicos sirvan para controlar mejor los recursos y a los representantes públicos, para incidir en sus decisiones, corregir errores y hacer la vida más fácil a todos los ciudadanos.

1.02.2012

Taxi

El taxi feia olor de ranci. Com de merlot picat. I la tapisseria tenia una fina capa enganxosa i humida que no deixava que t'hi acomodessis gaire. En canvi, estava prou net i no tenia cap element que el personalitzés: ni un escapulari, ni un ninot penjant, ni un amulet indígena, ni un rosari, ni un "papá no corras". Res. Només el taximetre amb les xifres lluminoses de color verd augmentant amb parsimònia implacable.

El taxista, contra tot pronòstic, callat i discret. Ben pentinat i ben vestit. Amb les ungles retallades. La ràdio, o no existia o no emetia o no estava engegada. Vaig imaginar-me que sonava la missa de batalla de Joan Cererols, que tenia vint-i-cinc anys i que anava en taxi a l'aeroport de Barcelona disposat a volar a qualsevol lloc. Només funcionava un altaveu i cruixia. Espetegava i se saltava alguna nota. Semblava un disc de vinil. Tenia ganes d'escriure que el taxi deixava de fer aquella olor i que començava a sentir l'olor de fusta seca, de roure escalfat pel sol, de pebre i nou moscada i que desapareixia la capa fina enganxosa de la tapisseria i que ara era de pell de vaca i que la missa de batalla continuava sonant a trompicons.



12.20.2011

Micrófonos abiertos (publicat al Diari de Tarragona el dilluns 19 de desembre)


Muy de vez en cuando, los micrófonos abiertos antes de tiempo, o no cerrados a tiempo, son un resquicio de luz que deja entrever un poco de verdad y de color en los grises salones de la política y de la administración de nuestros destinos. Esta vez, los pillados han sido Nicolas Sarkozy y Barack Obama, a propósito del presidente israelí, Benjamin Netanyahu: Barack Obama echaba en cara a Sarkozy el apoyo francés al reconocimiento palestino en la UNESCO y el presidente francés confesaba no tragar a Netanyahu: “Es un mentiroso. No puedo ni verlo”; a lo que Obama añadía que él tenía que soportarlo a diario, dejando patente el suplicio que suponía su trato.

Otro desliz reciente ha sido el de la juez Ángela Murillo, que juzgaba al ex-jefe militar de ETA, Francisco Javier García Gaztelu “Txapote”, y a otros tres etarras, por el asesinato, en 2001, de José Javier Múgica, cuando era concejal de UPN en Leiza. La magistrada, después de escuchar la declaración de la viuda de Múgica, ante la actitud imperturbable y cínica de los etarras, no pudo evitar comentar: “pobre mujer... y encima se ríen, esos cabrones”. En este caso, además del descuido y de la obligación de repetir el juicio, está la eterna necesidad que muchos tenemos de comentar lo que nos sucede con el de la lado. Seguramente, si la juez no se hubiese dirigido a su compañero para dejar constancia de la miseria moral de los etarras, ahora tendría una úlcera en el estómago.

Sin duda, estos episodios son completamente indeseables para sus protagonistas; pero a nosotros, los súbditos, nos ayudan a descubrir que bajo la dura coraza comunicativa de nuestros políticos hay una persona de carne y hueso, con sus debilidades y con capacidad de aburrirse incluso de él mismo: como el ex-presidente del gobierno español, José María Aznar, que después de pronunciar un discurso soporífero y sin ninguna aportación relevante sobre la Unión Europea, afirmó “sotto voce”: “vaya coñazo que les he soltado”; o como el ahora flamante presidente del gobierno, Mariano Rajoy, que, ante la perspectiva de tener que asistir al desfile militar del 12 de octubre, comentó: “mañana tengo el peñazo del desfile”. Parece que esto del poder aburre bastante.

Sólo unos cuantos elegidos ―o no elegidos― pueden permitirse el lujo de soltar la lengua a micrófono abierto, como Su Majestad el Rey de España, que mandó callar al presidente venezolano Hugo Chávez, el famoso “por qué no te callas?”. Lástima que no hubiese mantenido tan a raya a su yerno Don Iñaki.

12.08.2011

Absoluta mayoría (publicat al Diari de Tarragona, 25-XI-2010)


Ya tenemos nuevo presidente. Mariano Rajoy ha obtenido la mayoría absoluta más abrumadora de su partido —superando incluso los excelentes resultados de José María Aznar en el año 2000. Y ha conseguido el apoyo mayoritario de los españoles a pesar de no decir cómo nos va a sacar de la crisis económica y a pesar de no negar lo que todos sabemos: que las únicas recetas para salir de esta crisis nos las marcarán Alemania y Francia, y que no son otras que la desaceleración de la inversión pública, el recorte en las prestaciones sociales y la simplificación de la administración. Está más o menos claro, pues, que los españoles avalan el golpe de estado de los mercados y de los dos principales socios europeos, que han decidido que Europa ya no puede seguir con un mercado único, una moneda única y una única crisis; y con 17 estados (los que tienen el euro como moneda) con distintas políticas económicas, con distintos criterios de endeudamiento, con capacidad para falsear cifras oficiales, o para vivir como ricos a costa de los todavía más ricos.

El problema de esta crisis es que no está sirviendo para lo que de verdad sirven las crisis: para tocar fondo, darse cuenta de lo que no ha ido bien y, después de una profunda reflexión, seguir adelante con el paso cambiado, o buscar un camino alternativo, o un atajo, o construir un camino completamente nuevo. Esta crisis no parece ser nada más que un agotamiento de un modelo de crecimiento constante que necesita una pausa para resituar a cada uno en su sitio. Y a nosotros, los ciudadanos de a pie, los que nos ganamos la vida trabajando, nos toca volver a trabajar para sobrevivir y poco más; y nos toca repartir los exiguos beneficios de nuestro esfuerzo para que unos pocos puedan seguir nadando en la abundancia.

Al menos, en España, hemos podido elegir a Mariano Rajoy y no nos ha pasado como en Italia, donde han puesto a gobernar a un lobo con piel de cordero: Mario Monti: ni más ni menos que un exconsejero internacional de Goldman Sachs, en activo cuando Goldman Sachs se dedicaba a ocultar las cifras del déficit griego, cuando Goldman Sachs se dedicaba a invertir en basura financiera,... Pues esto, para evitar que las ovejas se den cuenta que no hay pastor, nada mejor que fichar a un lobo disfrazado de ovejita. Así las ovejas se sienten seguras en su ignorancia y los lobos pueden seguir zampándose cordero sin el riesgo de que las ovejas aprendan a hacer las cosas de otra manera y algún “ferranadrià” acabe inventando el carpaccio de lobo.

Ahora sólo nos cabe esperar que en el estrecho margen de maniobra que le queda a la política, Mariano Rajoy no lo haga muy muy mal y sea capaz de cumplir con los requerimientos de sus jefes sin condenarnos a todos a una precariedad tan absoluta como su absoluta mayoría.








12.03.2011

Nuestra mejor cara (publicat al Diari de Tarragona)

Es bien sabido y bien estudiado el papel determinante de las redes sociales en la vertebración de los movimientos que han conseguido acabar con algunas dictaduras en los países árabes. Me refiero básicamente a Túnez y Egipto. También juegan un papel de desbloqueo informativo en países donde la transparencia es un lujo impagable, como en China. Y, como no, ayudan a perfeccionar nuestras democracias, creando redes alrededor de intereses concretos, facilitando la proximidad con nuestros políticos y enriqueciendo el debate y la eficiencia en la convocatoria de actos políticos o cívicos.

Facebook y Twitter y las otras, también ayudan a crear empresa. Especialmente a crear imagen y “filosofía” de empresa. A comunicar con nuestros clientes, ofertarles productos, mantenerlos al día sobre las novedades, escuchar sus quejas y sugerencias y atender sus peticiones. Y, evidentemente, Facebook, Twitter y el resto abren un mercado mundial a cualquier tipo de producto.

Otra de sus utilidades, quizás la que altera más el sistema nervioso del intelectual aferrado a las orejas de su butaca, es proyectarnos socialmente, contactar con gente que ya habíamos perdido, conocer a “amigos” de nuestros contactos que nos seducen con sus intervenciones, chatear con alguien que acaba de hacer un comentario que compartimos, o simplemente pedir información sobre un próximo viaje. Todo esto no es muy distinto a lo que hacemos cuando vamos al café de la plaza del pueblo, pero con la diferencia que aquí el pueblo es el mundo y que el café está bien hecho.

Claro que, como en todos los cafés de todos los pueblos del mundo, también hay quien en lugar del diálogo busca el monólogo, quien se dedica a boicotear conversaciones, quien se va de la bola con comentarios que no vienen a cuento, o el que no dice nada y sólo escucha por el placer de curiosear, de aprender o de divertirse. También está el que, antes de salir de casa, para dirigirse al café se viste o se disfraza, se maquilla y peina y esconde la barriga mientras anda: como en el perfil del Facebook, donde todos mostramos nuestra mejor cara y nuestros mejores logros.

Como en todo lo revolucionario de verdad: nada completamente nuevo, pero sí algo profundamente distinto, capaz de conectar muchos nódulos aislados y de abrir nuevos caminos y horizontes. Las redes sociales son un instrumento que cambiará muchas más cosas de las que ya están cambiando y seguro que, con el paso del tiempo, Facebook y Twitter y las otras, nos parecerán plataformas dignas de un anticuario, como los videojuegos de los años 80 o los ordenadores de más de 15 años.

10.17.2011

Financiación en masa (publicat al Diari de Tarragona 14-10-2011)



Durante los años de bonanza económica para los trabajadores y pequeños empresarios —ahora sólo lo son para el sector financiero y los especuladores—, las políticas culturales de muchos ayuntamientos y administraciones públicas en general consistían básicamente en abastecer de subvenciones a las entidades y asociaciones culturales, cívicas o sociales; a parte, claro está, del dispendio de las fiestas mayores: siempre dirigido a satisfacer a todos los públicos y a superar la juerga del año anterior.

Este tipo de política a corto plazo, dirigido sólo a volver a ganar las próximas elecciones municipales, ha comportado (con las actuales restricciones del presupuesto) la desaparición, prácticamente total, de la pequeña industria cultural y ha ahuecado la capacidad de movilización y de actuación de las asociaciones culturales. Y es que, una vez recortadas las partidas con más gasto —sanidad y educación—, la cultura aparece —o deberíamos decir: reaparece— como el elemento más frágil y prescindible; y, como casi siempre, eso comporta la evaporación de proyectos que nunca habían sido nada más que humo, pero también el fin de proyectos sólidos, serios y de largo recorrido que sufrirán la asfixia de la repentina obsesión por frenar el déficit.
Ante este panorama, podemos y debemos clamar al cielo —o a donde sea— y lamentar la ceguera de los políticos que, para salvar sus reinos de taifa, no se les ocurre nada más que quitarse una mísera paga extra, pero sin renunciar a seguir con las multiplicidades administrativas o con pensiones y privilegios que sólo gozan ellos y no el resto de mortales. Pero a parte de ese clamor necesario, también podemos cobijarnos al abrigo de nuevas formas de activismo cultural, como el crowdfunding (o financiación en masa): Se trata de ayudar a financiar todo tipo de proyectos con microaportaciones que permitan su realización y al mismo tiempo nos permitan gozar de su consumo posterior.

Una de las mejores plataformas de crowdfunding que existe en nuestro país es Verkami (www.verkami.com). Desde ahí podemos financiar proyectos de lo más variado: un futuro documental sobre Arcadi Oliveres, con aportaciones desde los 5 hasta los 300 euros (estas últimas, con derecho a recibir un reconocimiento en los títulos de crédito del documental, un DVD, un libro del señor Oliveres, una invitación a la fiesta de final de rodaje, una entrevista en los extras del documental y la posibilidad de asistir al rodaje durante un día entero); o también podemos financiar el tercer disco de Los Madison; o el próximo espectáculo de las Carmelas (Texere); o la tercera muestra de arte sonoro (Vinfonies 2011) que tendrá lugar en Vilafranca del Penedès; o ayudar a Marc Freixas a editar su próximo libro de poemas; y un largo, larguísimo etcétera de proyectos culturales que esperan poder hacerse realidad a través de esas pequeñas aportaciones económicas.

Así es como la cultura se defiende de la barbarie, con imaginación y creatividad. Ahora sólo falta fomentar el consumo cultural de nuestras élites dirigentes y esperar de ellos mucho más compromiso, muchísima más honradez y bastante menos cara dura. Mientras, seguiremos creando y clamando al cielo o a donde sea.

10.03.2011

Avergonzado de ser profesor (article publicat al Diari de Tarragona l'1-10-11)



Ser profesor en este país da vergüenza. Es un timo para aquellos que hacen bien su trabajo, un timo a las familias y un timo a los futuros ciudadanos. Para ser profesor en este país, uno estudia lo que le da la gana en la universidad y después tiene que estudiar un postgrado que le capacite como docente (antes le llamaban CAP): pues es un timo, le llamen como le llamen. Los docentes del CAP no saben nada sobre la enseñanza en secundaria y, si saben algo, lo guardan celosamente. Nadie, después de hacer el CAP, sale más capacitado que antes de hacerlo. Nadie. Pueden preguntar a los que lo pasan. Nadie.

Después de aprobar una carrera universitaria y de estudiar un postgrado inútil, tienen que apuntarse a unas listas de sustituciones y, en función de unos parámetros casi mágicos que controla un “programa informático”, con la ayudita de la varita mágica de algún funcionario con ganas de jugar al “dónde está la bolita”, te vas a un instituto que no conoces de nada, donde no conoces a nadie y, al cabo de media horita, te meten en una clase que no has podido preparar, de la que no sabes nada y donde no conoces tampoco a nadie. A veces no sabes ni la materia que vas a impartir.

Pero no hay que preocuparse, que no cunda el pánico, da igual como hagas tu trabajo. A nadie le importa lo más mínimo. Nadie. Repito, nadie, va a entrar en tu clase para decirte si lo haces bien o mal. A nadie le importa si la dirección está satisfecha con tu trabajo, si los alumnos aprenden y muestran interés por la materia, si los padres se sienten apoyados. Da igual. Cuando acabas la sustitución vuelves a ser un numerito y así te pasas el curso. Pero no todo el curso, porque cuando se acercan las vacaciones de navidad, o las de semana santa, o las magníficas vacaciones de verano, el funcionario o funcionaria a quien sustituyes de repente se recuperará y volverá a estar al cien por cien para dar cuatro clases e irse a esquiar a Baqueira o de safari a Tanzania.

Si un año, por casualidad, has conseguido trabajar los seis últimos meses de curso, puedes cobrar el mes de julio, pero a cambio debes presentarte a oposiciones. Allí te tratarán como a un desgraciado que osa aspirar al Olimpo de los dioses. Te preguntarán sobre un temario absurdo y deberás volver a explicar lo ya te explicaron en bachillerato y en la universidad. Deberás presentar una programación didáctica y defenderla ante el tribunal. Y si tienes suerte, puede que te aprueben, e incluso que te pongan un notable. Pero eso tampoco sirve de nada. De nada. Resulta que lo más valioso, una vez superada la prueba, es el tiempo que llevas trabajado; no la calidad de tu trabajo, sino el tiempo cotizado en la seguridad social. Pero tampoco vale el tiempo trabajado en empresas privadas o como autónomo. No. Sólo el tiempo que has estado ocupando un espacio con tu trasero en una silla de un instituto público.

Si por casualidad apruebas, ya está. Lo has conseguido. Ya puedes seguir yendo a trabajar o a no trabajar. A nadie le va a importar lo más mínimo. Sólo tienes que cumplir unos requisitos facilísimos: si no vas a trabajar pide la baja (y acuérdate de volverte a dar de alta cuando se acerque la navidad, la pascua y el verano), no toques a ningún alumno (aunque esté a punto de inmolarse), intenta que ningún padre o madre te denuncie. Con esto es suficiente. Y si no apruebas las oposiciones, no te deprimas. Seguirá sin importarle a nadie como hagas tu trabajo, pero deberás estar pendiente, todos los lunes, miércoles y viernes del numerito que el “programa informático” decida que tiene trabajo. Eso sí, no podrás quejarte ni hacer ninguna consulta. Porque nadie, nadie, contestará a tus preguntas en las direcciones de correo que se supone que están a disposición del personal docente. Tampoco nadie te atenderá al teléfono y, si gozas de tiempo libre y de muy poca dignidad, y te desplazas hasta el Departamento de Personal, de 12 a 14 horas, sólo de 12 a 14 horas, podrás hacer un poquito de cola y entrar en un despacho con un montón de señores y señoras sorprendidos de tu osadía que te responderán que tus problemas son fruto del sistema informático, o de los de arriba, o de que tu te olvidaste marcar una crucecita en la opción correspondiente, esa semana de febrero que salió en el DOGC que los profesores sustitutos de secundaria podían activar la opción de no se sabe qué. Lo dicho, una vergüenza.

Jordi Barberà Argilaga
Diseñador gráfico y editor